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Tienes preguntas sobre el don de lenguas y cómo debe ser empleado? En este panfleto, se examinan las maneras correctas e incorrectasen que se utiliza el don de lenguas en las escrituras e incluso hoy en día. Da respuesta en más detalle a las preguntas "Cuál era el propósito del don de lenguas?" y "Se trataba de lenguas habladas en el mundo, o simplemente de un hablar extático?"
Extracto: “En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así Me oirán, dice el Señor. Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos” (1ª Co. 14:21-22).
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. . . . Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? . . . Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Hch. 2:4-11).
Es de gran importancia al hablar de esta cuestión que nos demos cuenta de dos cosas. ¿Cuál era el propósito del don de lenguas? ¿Se trataba de lenguas habladas en el mundo, o simplemente de un hablar extático? Ahora bien, las Escrituras anteriormente citadas dan una respuesta bien clara a estas preguntas.
En primer lugar, fueron dadas como señal a los incrédulos, no a los creyentes.
En segundo lugar, se trataba de lenguas comprendidas por aquellos que las hablaban.
Si tenemos estos dos puntos en mente, entonces quedarán claras todas las Escrituras que tienen que ver con esta cuestión. En cuanto a si existen aún hoy día, si es así, debemos esperar que sean las mismas que las mencionadas en la Escritura. Dios las dio como señales para confirmar la Palabra a los incrédulos, esto es, antes que fuera escrito el Nuevo Testamento (Mr. 16:20; He. 2:3-4). Pero, dolorosamente, vemos dos motivos para alarmarnos en el actual movimiento de lenguas.
En primer lugar, no se emplean para proclamar las maravillas de Dios a los incrédulos en su propio lenguaje.
En segundo lugar, muy frecuentemente van asociadas con algunos errores muy graves en cuanto a la Persona y a la obra de Cristo, así como con otras prácticas no escriturarias.
Tales cosas debieran llevarnos a ponernos en guardia antes de involucrarnos en tales movimientos, porque se nos advierte: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1ª Ts. 5:21). La manera en que lo examinamos todo es por la Palabra de Dios. Es algo muy serio buscar un poder que no es conforme a la Palabra de Dios.
Consideremos los tres pasajes en Hechos que se refieren a las lenguas. En Hechos 2, en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió, conforme a la promesa de Hechos 1:4-5 (véase también Juan 7:39; 16:7). Hasta aquel entonces Dios había estado tratando con una nación determinada, y el Señor Jesús, mientras estaba en la tierra, dijo: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt. 15:24). También les dijo a Sus discípulos: “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt. 10:5-6). Pero ahora, en el día de Pentecostés, iba a comenzar una cosa nueva. El Señor Jesús había dicho: “Edificaré Mi iglesia” (Mt. 16:18), y esta iglesia iba a estar constituida por judíos y gentiles (1ª Co. 12:13). La pared intermedia de separación entre judíos y gentiles iba a ser derribada (Ef. 2:14) y ¿qué señal se podía dar más idónea para ello que mediante el don de lenguas? El mensaje de las maravillosas obras de Dios, sin una instrucción previa por parte de los proclamadores, es pronunciado en muchos lenguajes diferentes. Dios estaba mostrando que El estaba rebasando los límites de Israel, porque estaba a punto de derribar la pared intermedia de separación que dividía entre ellos.