Número 5

Table of Contents

1. Carta de los editores - Número 5
2. Carta del editor - Número 5
3. Génesis 3: Tentación
4. Génesis 37 y 39: El temor de Dios
5. Éxodo 14: La redención
6. Levítico 23: Las fiestas de Jehová
7. Números 19: La vaca alazana
8. Deuteronomio 19: 1-13: Ciudades de refugio
9. Josué 14: Caleb perseverante
10. El libro de Rut: La gracia de Dios en la vida de Rut
11. 1 Samuel 17: El hombre grande
12. 1 Reyes 19: Elías huye de Jezabel
13. 2 Reyes 23: Josías lee la Ley
14. 2 Crónicas 9:1-12: La reina de Sabá
15. Nehemías 2-3: Edificando el muro
16. Job 32-37: La respuesta de Eliú

Carta de los editores - Número 5

Amados hermanos:
Este es el segundo tomo en la serie Ocúpate en la Lectura. Tal vez ya has empezado el primer tomo que mandamos sobre el Nuevo Testamento. Lo que más deseamos es que estemos escudriñando las Escrituras cada día. En Juan 5:39 se nos exhorta a “Escudriñar las Escrituras”. No debemos leerlas como un periódico o un libro de colegio u universidad, sino como la guía para nuestras vidas.
Los que realmente escudriñan las Escrituras lo hacen muchas veces sacrificando otras cosas que en sí están bien. Por ejemplo, se despiertan más temprano en la mañana cuando todavía podrían descansar un poco más, o no se acuestan en la noche tan temprano para tener más tiempo en la Palabra de Dios. ¿Eres un escudriñador?
De nuevo te recomendamos que anotes las respuestas para que de esta manera te tomes el tiempo necesario para leer la Biblia con detenimiento. Además ofrecemos un pequeño premio para los que nos manden el librito con las respuestas a fin de año. Recuerda que es individual y hay que leer todo el capítulo aunque ya hayas encontrado las respuestas.
Una de las formas más importantes de leer la Biblia es de manera secuencial. Esperamos que nos acompañes con estos tres tomos: el uno del Nuevo Testamento y los dos del Antiguo Testamento.
Tus hermanos por gracia,
Los Editores

Carta del editor - Número 5

D.E. Rule
La Biblia en realidad es una biblioteca compuesta de 66 libros, 39 del Antiguo y 27 del Nuevo Testamento. El libro de los Salmos tiene 5 libros y cuando se contabilizan individualmente, llegamos a un total de 70. Los números en la Biblia tienen sus significados: 7 es el de perfección espiritual; 10 el de responsabilidad humana completa; cuando multiplicamos 7 x 10, nos da 70; así que tenemos un libro perfecto para instruirnos en nuestras responsabilidades humanas, con la sabiduría divina que necesitamos.
En las epístolas del Nuevo Testamento dirigidas a la iglesia que es el cuerpo de Cristo aprendemos la doctrina. El Antiguo nos enseña los errores y fracasos de los seres humanos donde vemos la gracia y misericordia de Dios: “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron” (1 Corintios 10:6). El creyente que tiene una buena base en la doctrina del Nuevo y un buen conocimiento de las historias e instrucciones del Antiguo, posee un vasto recurso para las diversas circunstancias de la vida. Un hermano dijo que cuando enfrentaba dificultades pensaba en historias con situaciones similares para ver qué hicieron y cuál fue el resultado.
¿Has leído todo el Antiguo Testamento? ¿Has leído toda la Biblia? Es de suma importancia que cada creyente y cada persona lea toda la Biblia de portada a portada. Ningún otro libro es vivo. El propósito de este librito es compartir algunas preguntas con cada capítulo de Génesis a Job para ayudarnos a escudriñar las Escrituras detenidamente y compartir unas meditaciones. Te animamos a meditar personalmente en lo que estás leyendo, aplicarlo a tu propia vida y buscar las respuestas a tus propias interrogantes. Los primeros cinco libros de la Biblia son el Pentateuco, escritos mayormente por Moisés: en ellos tenemos la creación y la ley; luego están los libros históricos que nos enseñan sobre Israel bajo la ley.
Al empezar un grupo de preguntas se indica el mes y al final de cada una hay en paréntesis un número que señala la fecha. Si quieres leer toda la Biblia en un año, puedes utilizar este cronograma, junto con el del tomo del Nuevo Testamento y complementarlo con el otro del Antiguo Testamento. O, puedes empezar en cualquier fecha y hacerlo a tu propio ritmo. ¡Es importante leer diariamente! Confirma todo que lees aquí con la Biblia, ya que lo que decimos o escribimos puede tener errores; pero la Palabra de Dios es perfecta.
Para quienes completen toda la lectura del Antiguo Testamento (Génesis a Job), contesten todas las preguntas y nos manden por correo su librito, les devolveremos el librito revisado con un pequeño premio.
Tu hermano por gracia,

Génesis 3: Tentación

Durante seis mil años el diablo no ha cambiado sus métodos: sigue planteando preguntas para hacernos dudar sobre la gracia, el amor y la honestidad de Dios; trata de poner algo que se interponga entre nuestro corazón y Dios. Tal vez te ha tratado de hablar diciendo: “¿Es Dios justo? Mira tu situación. ¿Tienes todo lo que necesitas?”.
Satanás, como una serpiente, dijo a Eva en el huerto del Edén: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”. ¡Qué sutil! El diablo solo hace dos cosas simples. Primero trata de introducir una pequeña duda acerca de la bondad de Dios. En efecto te dice: ¿Es verdad que Dios es tan malo que no te permite tener lo que necesitas? También añade la palabra “todo”. Compara Génesis 2:17 con Génesis 3:1. Dios les dio todos los frutos del huerto a Adán y Eva excepto el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero Satanás con su pregunta tan astuta sugiere que Dios había guardado todo para Sí mismo. Considera esto: Dios da todo, mas Satanás trata de arrebatar todo.
Compara Génesis 2:17 con Génesis 3:3. ¿Añadió algo la mujer? ¡Es increíble! Ya escuchó al diablo y luego le imita en añadir a la palabra del Señor. Es muy importante escuchar bien a Dios mientras estamos leyendo Su Palabra, pues cada cosa que dice es importante y aun lo que no dice tiene importancia. Parece que ella cree que Dios le está privando de algo bueno; pero en realidad sería mucho mejor contestar con las palabras exactas de nuestro buen Dios tal y como están escritas.
Ahora, luego de que ha captado su atención, el diablo deja de engañar y miente directamente: “No moriréis”. En Génesis 3:5 la serpiente (el diablo) ataca la gracia y la bondad de Dios para nosotros. Es como si estuviese diciendo: “Dios no te ha dado algo que realmente necesitas para ser feliz”. ¡Qué mentira! Pues Dios ha dado hasta la vida de Su propio Hijo y así ha mostrado Su amor infinito. Es mucho mejor ocuparnos con Su amor, pues pensar en lo que Él ha hecho por nosotros nos cuida de las tentaciones del diablo.
Los ataques del enemigo han llegado al corazón de Eva y ella empieza a contemplar el árbol: tiene todo lo que su carne desea, todo lo que sus ojos desean, todo lo que su orgullo desea (lee 1 Juan 2:16). Y entonces peca y desobedece a Dios deliberadamente. Lo que proviene del Padre es excelente, ya que Él nos da exactamente lo que necesitamos. Por eso tener nuestro corazón lleno de acción de gracias nos cuida de las asechanzas del diablo: “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Timoteo 4:15).

Génesis 37 y 39: El temor de Dios

Raquel en respuesta a sus fervientes oraciones obtuvo como un regalo precioso de Dios un hijo a quien puso por nombre José que significa “él añade”, pero ella murió cuando dio a luz a su hermano Benjamín. Así, José perdió a su madre y con ella su tierno y caluroso amor; además sus hermanos le odiaban, como leemos en Génesis 37:4: “sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente”. Imagínate tener diez hermanos que te aborrecen, odian y hablan mal de ti. Sería difícil, ¿no es cierto? Creo que hoy en día se hablaría de estrés en una situación semejante. Sin embargo, José era obediente, pues cuando su padre le pidió que vaya a ver a sus hermanos, contestó de inmediato: “Heme aquí”.
¿Y qué pasó cuando José llegó donde sus hermanos? Ellos dijeron: “matémosle y echémosle un una cisterna”. Pero Dios no permitió que tengan éxito y en vez de matarle le vendieron como esclavo. ¿Sería fácil ver a sus hermanos recibir plata por su propia vida? Primero perdió a su madre, después el amor de sus hermanos y ahora se hallaba sin poder comunicarse con su padre y tenía que trabajar en la casa de un alto oficial de Faraón. En aquel lugar tenían un idioma y unas costumbres distintas, así que tuvo que hacer nuevas amistades, aprender un nuevo idioma sin la ayuda de diccionarios, libros o clases y adaptarse a un país extraño. Pero José confió en Dios y Él le bendijo, de manera que luego llegó a ser jefe de la casa de Potifar.
Cuando parecía que todo estaba mejor, entonces las cosas fueron de mal en peor. Satanás empezó a tentarle a través de la mujer de su jefe. Ella le dijo: “Duerme conmigo”. José, con mucho respeto, contestó: “¿cómo, pues, haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?”. Pero ¿cómo pudo decir esto? Ya que ni siquiera tenía con él la palabra escrita de Dios. Aparentemente ella le quería; pero la verdad es que solo seguía tentándole cada día, hasta cuando nadie estaba en casa y lo asió de su ropa para pedirle que duerma con ella. Imagínate, ¡no había testigos de la maldad!
¿Nadie? Dios estaba y José lo reconoció, pues él vivía en la presencia del Dios vivo. Sin duda, cuando era joven, escuchó las palabras que dijo su abuelo Labán a su padre: “Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro” (Génesis 31:49). Después el padre de José, quizás con sus hijos, fue a visitar a su abuelo Isaac que habitaba junto al pozo del “Viviente-que-me-ve”. ¡Qué privilegio vivir en la presencia del Dios vivo! Proverbios 4:1 dice: “Oíd, hijos, la enseñanza de un padre”. José, sin duda, escuchó bien a sus padres y lo que tenían que decir acerca de Dios. Para José era suficiente reconocer que Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob podía verle. José había aprendido lo que dice en Proverbios 1:7: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. No le importaba si otros podían verle o no, pues hay un Dios que nos ve y por eso José en obediencia a Dios huyó de la mujer. Ella mintió acerca de lo ocurrido y como resultado él fue a la cárcel. José perdió a su madre, el amor de sus hermanos, su libertad, su oficio, su honra y su buen nombre; pero aun en esas circunstancias, la palabra de Dios dice que “Jehová estaba con José”. La presencia de Dios fue evidente en su vida y así se condujo dondequiera que iba. ¡Que con nosotros suceda lo mismo!

Éxodo 14: La redención

Un pueblo de esclavos que no conocían nada acerca de guerras se aproximaban al Mar Rojo. Toda su vida habían pasado apacentando ovejas, recogiendo paja y haciendo ladrillos bajo el yugo de Faraón. Su sufrimiento fue cruel y gimieron bajo el látigo de sus opresores. Al ser librados por el poder del Señor empezaron a dejar Egipto y fueron al desierto rumbo a Canaán; llevaban provisiones, masa para hacer pan y tesoros que les dieron los egipcios. ¡Partieron para nunca volver!
Pero Faraón no quiso perder a sus esclavos y fue tras ellos para capturados. Los hijos de Israel al alzar sus ojos miraron hacía atrás y vieron a la caballería y al ejército de Faraón, la primera potencia mundial en aquella época, que les perseguía. Delante de ellos se encontraba el Mar Rojo y detrás un ejército numeroso, equipado y experimentado para la guerra. ¡Qué encrucijada para el pueblo de Dios!
¿Has pasado por algo semejante? Tal vez digas: Nunca he sido esclavo de nadie. Un esclavo está obligado a realizar todo tipo de trabajos y tiene como dueño a alguien que no puede ni sabe amar: es una vida totalmente difícil. Satanás es un amo muy duro que sabe odiar y tener encadenada a toda persona en prisiones de pecados. Entonces, ¿cómo podrá ser libre? ¡He aquí la respuesta! Solo por medio de la sangre de Jesucristo somos liberados y comprados para Dios, pues por Él somos libres de la pena de muerte que pesaba sobre nuestras cabezas. Pero ¿qué sucederá con aquellos que rechazan a Cristo?
El pueblo de Israel cuando se encontraba en Egipto fue protegido de un juicio que cayó sobre todo primogénito. ¿Cómo fue protegido? Mediante la sangre de una oveja sacrificada (figura del Cordero de Dios) rociada en el dintel y en los dos postes de cada puerta; aunque el temor se había apoderado de todos. De manera similar, muchas personas han acudido a Cristo; pues temen a la muerte y también a Satanás y a su poder, pero reconocen que son débiles y claman a Dios por su liberación. Entonces, ellos reciben de inmediato la protección eterna mediante Su sangre.
¿Y qué sucedió con Faraón, figura de Satanás? Los israelitas también clamaron a Dios. Considera lo que aconteció. Moisés dijo: “Jehová peleará por vosotros y vosotros estaréis tranquilos”. ¿Tranquilos con un ejército detrás que les persigue y con el mar enfrente? Pero al continuar la lectura encontramos que “el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos”. ¡Sí, entre ellos y el enemigo! ¡Dios también se ha colocado entre nosotros y Satanás! Entonces el mar Rojo, figura de la muerte se abrió ante ellos y cruzaron en tierra seca. “Y siguiéndolos los egipcios, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo”. ¿Sabes lo que pasó? Las aguas del mar se volvieron y cubrieron a todos los enemigos de Israel. La palabra de Dios dice claramente: “no quedó de ellos ni uno” y añade que “Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar”. Cuando el Señor murió en la cruz venció a Satanás y a la vez nos libró de su poder para siempre; ahora podemos contemplar la cruz y ver allí a nuestro fuerte enemigo completamente derrotado: nunca más va a poseernos como esclavos, pues somos libres para servir al Señor.
La redención significa que hemos sido comprados de nuevo para ser libres (liberados, devueltos mediante el pago de un rescate). Si creciese el temor y las dudas nos fastidiasen tan solo echemos una mirada a la cruz donde Cristo venció al enemigo para siempre. Así como los israelitas miraron los cuerpos muertos de los egipcios, nosotros también podemos ver que somos completamente libres del poder de Satanás: libres para servir al Señor.

Levítico 23: Las fiestas de Jehová

Dios nos ha dado en este capítulo un breve resumen de Sus propósitos con el hombre hasta el fin de la historia. En las fiestas de Jehová, Él ha escondido muchos tesoros para nosotros y es Su deseo que los descubramos, pues en Su Palabra está escrito: “honra del rey es escudriñarlo” (Proverbios 25:2).
La Pascua: Cristo nuestro rescate (Levítico 23:4-5)
1 Corintios 5:7 dice: “Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”. El Señor Jesucristo fue el sacrificio aceptable a Dios; pues Él pagó el gran precio para rescatarnos de Satanás; además, derramó Su sangre por la cual somos limpios de todo pecado, y Su obra en la cruz es la base de toda bendición. En la primera fiesta del año, los israelitas hicieron memoria de la Pascua y sin saberlo mostraron una anticipación de Cristo en Su muerte.
Los Panes sin levadura: una vida sin pecado (Levítico 23:6-8)
1 Corintios 5:8 dice: “Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. La levadura en las Escrituras siempre es un símbolo de pecado. Al ser comprados a un precio altísimo, pertenecemos al Santo Dios. Esta fiesta duraba siete días y habla de un tiempo perfecto y completo. Nunca debemos permitir el pecado en nuestras vidas.
Las Primicias: Cristo en resurrección (Levítico 23:9-14)
Dios quedó tan satisfecho con la obra completa de Cristo que lo resucitó de entre los muertos, como dice en Romanos 6:4: “Cristo resucitó de las muertos por la gloría del Padre”. También Colosenses 1:18 dice que Cristo es: “el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia”. Los israelitas tenían que celebrar esta fiesta con gozo, dando “una gavilla por primicia de los primeros frutos”. En aquella fiesta sería Cristo, como figura, quien tendría el primer lugar.
El Día de Pentecostés: El Espíritu dado al creyente (Levítico 23:15-22)
Esta fiesta se realizó siete semanas después de la fiesta de las primicias; así, fueron siete semanas después de la resurrección de Cristo, cuando se celebraba esta fiesta que el Espíritu Santo descendió para formar la Iglesia. Hechos 2:1-4.
Las Trompetas: El futuro recogimiento de Israel (Levítico 23:23-25)
Después de arrebatar a Su Iglesia, Cristo va a empezar a trabajar de nuevo con Su pueblo Israel. Ahora la mayoría de los judíos están dispersos en muchas naciones de la tierra, es así que en América Latina existen comunidades de judíos; pero un día Dios va a llamarles: “una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación” (Levítico 23:24). El propósito de las trompetas, al tocarlas de nuevo, será para regresar a la tierra prometida.
El día de Expiación: El futuro arrepentimiento de Israel (Levítico 23:26-32)
Cuando regresen a su tierra, los israelitas van a reconocer que habían rechazado a su Mesías, al Señor Jesucrísto, y entonces se arrepentirán, como dice Zacarías 12:10: “y mirarán a Mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por Él como quien se aflige por el primogénito”.
Los Tabernáculos: La futura paz del milenio (Levítico 23:33-44)
Por fin la tierra tendrá su descanso en el milenio, el período cuando Dios reinará sobre la tierra. Cada persona tendrá su propia habitación y vivirá en paz. Este acontecimiento será la última etapa de la obra del Señor con el ser humano; después Él hará “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Apocalipsis 21:1).

Números 19: La vaca alazana

En el libro de Números leemos de los israelitas mientras cruzaban el desierto en su larga caminata a Canaán. En este capítulo encontramos los peligros, problemas y dificultades en su viaje rumbo a la Tierra Prometida. Nosotros también estamos en un viaje rumbo hacia un nuevo hogar, el hogar del Padre en el cielo. En nuestro peregrinaje encontramos muchos peligros. El peligro más espantoso de todos ellos es el pecado. Cuando encontramos esta inmundicia en nuestro camino necesitamos ser limpiados. En esta oportunidad, vamos a meditar en la provisión que Dios hizo para limpiar a los israelitas de su inmundicia.
En aquel entonces, el sacerdote rociaba la sangre de la vaca alazana siete veces hacia el tabernáculo. Este era el lugar que Dios había escogido para morar en medio de Su pueblo. Cuando el pecado entró en la creación, al verlo Dios se entristeció. Dios aborrece el pecado. Mas el corazón de Dios quedó satisfecho cuando vio el sacrificio perfecto que quita el pecado del mundo. Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). La sangre derramada en la cruz por el Señor Jesucristo borró nuestros pecados para siempre y quitó el juicio de Dios que pesaba en nuestra contra.
En el versículo 5 de este capítulo leemos que todo el holocausto fue quemado. No quedó ni siquiera una parte del animal. Quemaron el cuero, la sangre, la carne y aun su estiércol. ¿Qué significado espiritual tiene esta figura? En Romanos 8:3 dice: “Dios enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”. Cuando crecen malas hierbas en el terreno de un agricultor, él tiene que sacar no solo las hojas, sino que debe cavar y remover las raíces. En nuestra vida, la raíz de nuestros pecados es una naturaleza pecaminosa. Dios condenó por completo esta naturaleza, cuando Cristo se hizo pecado en la cruz por nosotros (lee 2 Corintios 5:21).
Luego leemos acerca de tres cosas que el sacerdote tuvo que echar en el fuego: palo de cedro, hisopo y escarlata. 1 Reyes 4:33 nos ayuda a entender dos de estos símbolos: “También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared”. Este versículo habla de un rango grande de plantas en el reino vegetal. El cedro es un árbol magnífico y el hisopo es una hierba pequeña que crece aun en las grietas de las paredes. Asimismo, entre los hombres hay un gran rango de categorías: desde el magnífico hasta el más insignificante. Escarlata era el glorioso color de los reyes de Israel. Para nosotros, como creyentes, toda la gloria que este mundo puede ofrecer no debe ocupar lugar en nuestro corazón. Recordemos que este mundo crucificó al Señor Jesucristo. No busquemos, pues, la amistad ni la aprobación del mundo. En Gálatas 6:14 leemos: “Pero lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.
El sacrificio de la vaca alazana era necesario para limpiar al pueblo cuando tenían contacto con cosas impuras y para ser librados del efecto del pecado: la muerte. Muchas veces nosotros tenemos algún tipo de contacto con las cosas sucias e inmundas de este mundo y necesitamos con urgencia ver los sufrimientos de Cristo, quien nos amó y ocupó nuestro lugar. En Juan 16:14, hablando del Espíritu Santo, dice: “Él me glorificará; porque tomará de lo Mío, y os lo hará saber”. Cuando el Espíritu trae a nuestras mentes los sufrimientos de Cristo, es para que nos arrepintamos; y, entonces, ahí mismo somos purificados de la inmundicia del pecado. Imponernos una serie de reglas no nos ayudará a no pecar, pues tan solo pensar en el costo que pagó nuestro Señor Jesucristo, quien llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, lo podrá lograr. Todo esto es un proceso y no lo aprendemos de la noche a la mañana. En el versículo 19 leemos acerca del tercer día y del séptimo día, cuando había que aplicar las cenizas y el agua. Esto significa que el creyente recuerda el costo que el pecado tenía en la muerte del Señor. Así, el creyente deja atrás las cosas impuras, las que eran causa de muerte y sale limpio.

Deuteronomio 19: 1-13: Ciudades de refugio

¿Has visto a una persona atropellada? ¡Es horrible! Supongo que el chofer que conducía el vehículo se habrá sentido terriblemente mal por el accidente, ya que no quiso atentar contra la vida de la persona. Además, cuando la policía tiene que llevarle preso al pobre conductor, también es un día muy triste para su familia. Los israelitas, por supuesto, no manejaban carros en los días de Moisés; pero sí tenían accidentes en los que alguna persona resultaba muerta. Un ejemplo de ello es este: dos personas podían ir juntas al monte y mientras uno estaba cortando leña con su hacha, el hierro podía salir disparado del cabo y matar de un golpe a su compañero. Según la ley de aquella época, un pariente de la persona muerta, el vengador de la sangre, podía perseguir al homicida para darle muerte. Había solo una oportunidad para salvarse: la ciudad de refugio. Dios ordenó que los israelitas establecieran seis ciudades de refugio dispersas en la tierra; tres al oeste del río Jordán y tres al este. Si el homicida podía llegar a una de estas ciudades antes que lo cogiera el vengador, entonces era protegido dentro de sus muros. Este no podía entrar y matarlo. Es de notar también que el pueblo tenía la obligación de mantener en buen estado los caminos a las ciudades de refugio.
¿Qué tiene que ver esto con nosotros? Nosotros hemos pecado contra Dios mismo y esto es mucho más grave que una muerte accidental; pues Su palabra dice que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). La ley de Dios es justa y santa, por eso nos condena por nuestros pecados. En cierto sentido es como el vengador que nos persigue con el fin de destruirnos. ¿Qué pues haremos? ... El israelita tenía una ciudad adonde huir; pero nosotros, ¿qué recurso tenemos? “Para que por dos cosas Inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros” (Hebreos 6:18). Nuestro único recurso y esperanza está en la persona del Señor Jesucristo que murió y resucitó; quien ahora está a la diestra de Su Padre en el cielo. En la actualidad, Él es nuestra ciudad de refugio, nuestra seguridad para que la justicia de Dios no nos alcance. Acudamos pues a Él y tan solo a Él para nuestra salvación, ya que Él murió en la cruz del Calvario en lugar de nosotros y allí derramó Su sangre. Como dice en 1 Juan 1:7: “La sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado”.
¿Qué sucedería si un homicida que está huyendo del vengador decidiera tomarse un tiempo para pasar un día mirando las flores al lado del camino? ¿No sería esto una locura? ¿Acaso tendría algo mucho más importante que su seguridad en su pensamiento? Pero hay muchas personas que pasan día tras día con el peligro de una muerte eterna, sin pensar en la seguridad de sus almas. No están buscando la salvación que Dios ofrece “sin dinero, y sin precio” (Isaías 55:1). Ellos están en peligro y no lo saben o tal vez estén buscando otro remedio para su problema. La ley de aquel entonces no permitía que el vengador entre en la ciudad de refugio para matar al homicida, si fue un accidente. Dios en su misericordia está listo para ver nuestro pecado como “un accidente”. Pedro habló del crimen de Israel al matar al Mesías, de esta forma: “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho” (Hechos 3:17). Dios está dispuesto a perdonarnos, solo tenemos que acudir a Él para la salvación. Un homicida que estaba fuera de la ciudad de refugio, sea por cualquier razón, si era cogido allí irremediablemente debía morir. Tratar de salvarnos por cualquier método no nos sirve; pues si no estamos confiando solo en Cristo, nuestra “ciudad de refugio”, moriremos eternamente. ¿Conoces ya a Cristo como tu Salvador? Si no es así, corre hoy hacia Él para tu salvación. No esperes un minuto más. Él está esperándote con la puerta abierta para librarte del juicio y te ha preparado un camino hacía Su hogar. ¿Por qué no acudes a Él ahora mismo?

Josué 14: Caleb perseverante

Los israelitas iban a entrar a la Tierra Prometida, Canaán. Ellos fueron a Moisés y le pidieron que mandase espías para reconocer la tierra. Caleb solo tenía 40 años cuando Moisés lo escogió para realizar la labor de espía y fue el que representó a la tribu de Judá. Cuando regresó de su misión este fue su informe: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel ... Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Números l3:27,30). Caleb había pisado la tierra de Hebrón donde vivían gigantes, los hijos de Anac. Desde aquel momento la belleza de la tierra que Dios prometió a Su pueblo fue grabada en su mente y no pudo olvidarlo. Pero la mayoría de sus compañeros no vieron lo mismo, así que desanimaron al resto hablando cosas malas y nada sobre la hermosura de esa tierra. Ellos solo habían sacado cuenta de las posibilidades de tomarla poniendo más atención en el poder de sus enemigos que en el poder de Dios. A consecuencia de esto Dios no permitió que ninguno de los que se rebelaron entrasen en la Tierra Prometida y tuvieron que caminar en el desierto por casi 40 años, hasta que todos los rebeldes murieron.
¿Y qué pasó con Caleb? Dios sabía que él creyó la promesa ofrecida y dijo: “Pero a Mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de Mí, Yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión” (Números 14:24). Las palabras de Jehová quedaron desde entonces grabadas en su mente y en su corazón, aunque pasó por muchas tribulaciones en el desierto. Allí crío a su hija Acsa y guio a su familia; después entró en la tierra prometida y batalló por muchos años. Los demás habían recibido sus propias herencias, pero él seguía esperando. ¡Imagínate esperar 45 años por un nuevo hogar! Durante todo este tiempo le tocó vivir en una carpa y mudarse decenas de veces. En Josué 15 aparece hablando de su herencia durante todo el viaje a Canaán, porque su hija tenía gran deseo de disfrutar de la Tierra Prometida.
¿Valoramos nosotros también nuestra herencia? Nosotros somos “herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17) Y también somos bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). ¿Son preciosas estas cosas para nosotros? ¿Son de ánimo a nuestros corazones? Por el poder de Dios, Caleb fue animado y cuidado en todo su camino, pues tuvo su fe puesta en la promesa de Dios y aun a la edad de 85 años, después de haber esperado tantos años por su herencia, dijo con vigor: “Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como Él dijo, estos cuarenta y cinco años ... Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar” (Josué 14:10-11).
Caleb nos da un testimonio veraz de la fidelidad de Dios en Sus cuidados y hasta cuando entró en su herencia. Nuestro Dios no ha cambiado, pues hoy es tan fuerte como lo fue en los días de Caleb y es capaz de mantenernos fieles hasta el final cuando entremos con Cristo a nuestra herencia; además nos ha dado en Su palabra la promesa de reinar con Cristo muy pronto. ¿Tenemos nuestra mirada fija allí en las riquezas que nos esperan? La promesa de Dios y la herencia que nos espera en Cristo deben animar a nuestros corazones para seguirle fieles en esta vida. Solo Él es capaz de mantenernos fieles. ¡Acudamos siempre a Él por Su ayuda!

El libro de Rut: La gracia de Dios en la vida de Rut

“No entrará amanita ni moabita en la congregación de Jehová, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán en la congregación de Jehová para siempre” (Deuteronomio 23:3). Así declaraba la santa ley. Los moabitas quedaron fuera de la congregación porque no mostraron misericordia hacia los hijos de Israel cuando salieron de Egipto. Años después de esta declaración Elimelec y su familia salieron de Israel, pues hubo hambre y fueron a vivir en Moab y en aquel lugar sus hijos se casaron con mujeres moabitas.
Cuando nos apartamos de los caminos del Señor empiezan los problemas espirituales. Así, los hijos de Elimelec habían fallecido sin dejar herederos; pero una de las viudas era Rut y estaba decidida a regresar a la tierra de Israel con su suegra Noemí. ¿Por qué decidió regresar a la tierra de Israel? Su suegra Noemí era demasiado vieja como para tener otro hijo que fuese su esposo, toda su familia había vivido en Moab y fue criada en una patria que adoraba a ídolos y no al Dios verdadero de Israel. La única respuesta es que Dios obró en su corazón a tal punto que dijo a su suegra: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16). Este siempre ha sido el deseo y el trabajo del Espíritu Santo, como leemos en 1 Tesalonicenses 1:9: “os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”.
Cuando llegaron era el comienzo de la siega de la cebada, pues Dios en Su gracia había dado a Su pueblo la comida necesaria. Noemí sin esposo y con una nuera moabita no tenía esperanza, ni derecho a recibir bendición alguna; pero Rut dijo: “recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia” (Rut 2:2). La gracia es un favor inmerecido. Nosotros, siendo pecadores, no merecemos el favor de Dios, mas Él nos muestra Su gracia que nace en Su corazón lleno de amor.
Booz, figura de Cristo, mostró esta gracia hacia Rut dejándola espigar en sus campos; también le ofreció agua para su sed y la felicitó por su amor mostrado hacia su suegra. Rut reconoció que no merecía este gran favor y entonces le preguntó con un espíritu humilde: “Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?” (Rut 2:10). Bien pudiéramos decir lo mismo acerca de nosotros mismos. ¿Por qué ha mostrado Dios tanto amor hacía nosotros siendo aún pecadores? La respuesta es: porqué Él es amor y muestra Su amor hacia las personas aunque no lo merezcan.
Booz siguió amando a Rut e hizo un gran esfuerzo para hacerla su esposa, pero no tardó en lograrlo. Noemí había dicho a Rut: “aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy” (Rut 3:18). Nuestro Señor Jesucristo anhela aquel día cuando vendrá a llevarnos para siempre a Su presencia y no tardará ni un minuto más. Booz tuvo que sufrir para lograr que Rut, una extranjera, sea su esposa. Cristo tuvo que sufrir muchísimo más para hacer de la Iglesia Su esposa. Lo que la ley nunca pudo hacer, Cristo lo hizo por gracia: nos redimió. Booz quedó con un heredero, su hijo Obed, y nosotros quedamos como coherederos con Jesucristo, el Hijo de Dios. ¡Qué privilegio!

1 Samuel 17: El hombre grande

Es posible que al entrar en su casa alguna vez se haya golpeado la cabeza, pues medía casi tres metros y no era alguien débil; también tenía una voz fuerte y resonante. La Biblia dice que era uno de la familia de gigantes.
Este hombre vivió muchos años antes de que existan las carabinas y las bombas. En aquella época salía y gritaba sus amenazas contra el pueblo que odiaba: los hijos de Israel. Esto era suficiente para hacer estremecer a los más valientes y nadie quería pelear contra él; aunque continuaba gritando: “¡VENGAN Y PELEEN!”, ninguno se atrevía. Pero un día alguien vino a pelear contra él. ¿Quién osaría aceptar un desafío como este? Era un joven que no era fuerte; pero que conocía a Dios, Alguien a quien el gigante no conocía.
Me pregunto si ya conoces a Dios, quien es todopoderoso. Al gigante no le importaba quien era Dios y no tenía problemas, ninguno, hasta que entró en el valle. El joven David ya había confiado antes en Dios, porque Él le había dado fuerzas para matar a un león y a un oso mientras protegía a sus ovejas, y lo único que utilizó era sus manos. El gigante en cambio utilizaba una armadura para pelear: un casco de bronce, una cota pesada de malla, protección para sus piernas, protección para sus hombros, y una lanza muy grande y tan pesada que un simple hombre no podría levantarla. También llevaba a alguien delante de él, quien sostenía su escudo. Parecía confiar en sus dioses; contaba también con su gran tamaño y con todo su costoso equipo para protegerse de cualquiera que osara pelear contra él.
David, por lo contrario, solo tenía una bolsa de pastor donde había colocado cinco piedras escogidas con cuidado y su honda: era todo lo que tenía. Bueno, en realidad no era todo, pues debemos recordar que él confiaba en Dios.
El gigante gritó con voz fuerte y resonante que daría su cuerpo de comida a las aves del cielo; pero escucha la respuesta de David: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado ... y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel ... porque de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:45-47). Entonces el gigante se le acercó y David corrió a su encuentro; mientras corría lanzó tan solo una piedra, la cual se clavó en la frente del gigante y de esta manera cayó con su rostro a tierra, añadiendo al gran estruendo de su caída el de su pesada armadura.
¿Quién fue en realidad el que ganó? Dios, pues Él siempre gana. Así también, Su Hijo, el Señor Jesucristo, obtuvo la victoria sobre el pecado contra Satanás, al morir y resucitar. Y un día muy cercano Sus enemigos doblarán sus rodillas delante de Él y lo confesarán como Señor de todo.
¿De qué lado estás tú? Cuando el gigante cayó, tal vez muchos de aquel ejército desearon cambiarse de lado al ver que los hombres de parte de David bajaban presurosos y así huyeron sin pelear. Sin embargo, cuando Jesús regrese como vencedor no habrá forma de huir: ¡Toma ahora mismo una decisión! Corre hacia Él, no huyas; pues ha prometido: “al que a Mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Y no te va a rechazar porque te ama tanto que murió por ti.

1 Reyes 19: Elías huye de Jezabel

Es posible que la voz del pueblo que adoraba y decía: “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1 Reyes 18:39) aun daba vueltas en la mente de Elías, cuando el mensajero de Jezabel llegó a su puerta. No hacía mucho tiempo que Elías había proclamado al pueblo la ira de Dios contra la idolatría a Baal, pues muchos de Israel estaban tras ello. La reina Jezabel apoyaba en gran manera a los sacerdotes de Baal y Dios en esta situación mandó una gran sequía en respuesta a las oraciones de Elías; mas a pedido de Elías mismo, Dios envió de nuevo la lluvia. Y entonces Elías al encontrarse con Acab le reprendió por su pecado: abandonar a Jehová, para ir tras los baales; y lo convocó en el monte Carmelo para demostrarle que Jehová es el Dios de Israel. Ese día, viendo el pueblo la falta de poder de Baal, dieron muerte a casi quinientos profetas y adoraron a Dios. ¡Qué gran victoria! Los frutos del ministerio de Elías parecían muy evidentes a todos.
Pero el mensaje de Jezabel que iba a matarlo llegó a sus oídos y luego de llenarse de miedo huyó de inmediato. ¿Qué pasó? ¿Adónde se fue su valentía? La palabra de Dios dice: “Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida” (1 Reyes 19:3). Cuando Elías salió triunfante frente al rey, delante de todo el pueblo, y de casi quinientos falsos profetas de Baal, había dicho firmemente: “invocaré el nombre de Jehová” (1 Reyes 18:24). Él pudo ver a Dios tras sí y tuvo la fuerza para continuar; sin embargo, cuando llegó la noticia de que Jezabel quería matarlo, solo pudo ver el peligro. ¡Qué diferencia! El peligro en realidad espanta, pero es Dios quien anima de verdad. ¿En quién estamos confiando?
Mientras Elías huía Dios le cuidó, pues Él siempre tiene gracia y misericordia para nosotros aun cuando tenga que corregirnos. Elías dijo en su desánimo: “Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19:4). Dios le hizo descansar y luego por medio de un ángel le dio una torta cocida y una vasija de agua. Nunca debemos tomar en poco la misericordia de Dios. Elías había pedido su muerte, mas Dios tuvo listo un carro de fuego con caballos para llevárselo al cielo sin que conociese la muerte (2 Reyes 2). Admitamos que no sabemos ni siquiera la mitad de las ricas bendiciones que Dios tiene preparadas para Sus hijos, como dice 1 Corintios 2:9: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”.
Elías reveló el pensamiento que tenía de sí mismo: pensaba que era mejor que sus padres. Cuando empezamos a pensar acerca de nosotros mismos, sea bueno o malo, estamos perdidos. Al parecer Elías tuvo grandes esperanzas de ver en Israel un gran avivamiento. Creía que después de su victoria su ministerio lograría este objetivo; mas cuando vino el mensajero de Jezabel y le comunicó sus amenazas vio su ministerio en ruinas y huyó deprimido. No busquemos frutos en nuestro ministerio, tan solo seamos obedientes a Dios y recordemos que no siempre nos muestra los frutos en la forma que anhelamos.
El resultado de todo esto fue la acusación que Elías hizo contra el pueblo de Dios. ¡Qué error! Este es el único error de un santo del Antiguo Testamento que podemos verlo en el Nuevo Testamento (Romanos 11:2-5). Dios, por Su propia gloria, siempre mantendrá por gracia un remanente separado para Él; así que no debemos exaltarnos, sino buscar Su gracia. Es interesante notar que Dios no estuvo en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego; sino en el “silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19:11-12). ¡Qué privilegio es buscar Su voz en vez del juicio!

2 Reyes 23: Josías lee la Ley

Hilcías, el sumo sacerdote en los días de Josías rey de Israel, hizo un gran anuncio: “He hallado el libio de la ley en la casa de Jehová” (2 Reyes 22:8). No sabemos cuántos años la palabra de Dios estuvo perdida. Durante este tiempo el pueblo de Dios cayó en una profunda y triste idolatría. Lo bueno es que por fin encontraron la palabra de Dios entre los escombros mientras reparaban la casa de Dios, y llevaron el libro de la ley al rey. Sabemos que es muy importante leer la Biblia, pues nos dirige y ayuda durante toda la vida. Sin ella nunca vamos a saber cómo agradar a nuestro Señor. Josías tenía un corazón dispuesto a escuchar lo que Dios tenía que decirle. El rey atendió a la voz de Dios, a Su palabra, mientras un escriba leía una parte del libro de la ley. El resultado fue un gran cambio en el reino de Judá.
La palabra de Dios nos dice que debemos ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). No era suficiente que Josías haya leído las Escrituras, tenía que hacer lo que leyó. Y así lo hizo. Es impresionante la energía que él mostró para cumplir la palabra de Dios. Primero reunió a todo el pueblo para que todos puedan escuchar la lectura de la ley: Llamó a grandes y pobres, sacerdotes y profetas, gente de Jerusalén y de Judá; quiso que todos escuchen la palabra de vida. Es evidente que necesitaban escuchar lo que la ley decía. Por ejemplo el libro de Deuteronomio habla bastante acerca del peligro de los ídolos e Israel en esos días estaba lleno de idolatría. Tenían imágenes en el templo y sacerdotes para otros dioses en todo lado. La gente se involucraba por sí misma con la inmoralidad que estaba vinculada a la adoración de dioses ajenos; y el estado del pueblo de Dios era muy grave. El rey Josías quería que todo el pueblo comparta su arrepentimiento al oír la condenación de Dios por la idolatría. Era necesario que su arrepentimiento se base en la palabra de Dios y no en palabras de hombres.
En 2 de Reyes 23:3, leemos el fruto de haber atendido a la palabra: “Y poniéndose el rey en pie junto a la columna, hizo pacto delante de Jehová, de que irían en pos de Jehová, y guardarían Sus mandamientos, Sus testimonios y Sus estatutos, con todo el corazón y con toda el alma, y que cumplirían las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro”. ¡Qué fuerte compromiso! De inmediato el rey empezó a hacer lo que había prometido. Sacó los ídolos de Baal y Asera de sus puestos y los quemó. Destruyó los altares falsos y los lugares altos. Incluso cumplió una antigua profecía cuando profanó el altar falso que estaba en Betel. Con la tierra limpia de la idolatría celebraron la pascua para su Dios.
Nosotros también tenemos un gran privilegio: la Palabra de Dios a nuestro alcance; podemos abrirla y escuchar la voz del Señor que habla a nuestros corazones. Mediante ella aprendemos cómo quitar la idolatría de nuestras vidas. Quizás no tengamos ídolos de piedra; pero muchas veces tenemos cosas en nuestras vidas que nos alejan de Dios. ¡Y Él quiere que nos despojemos de todo esto! Es la palabra de Dios la que nos lleva al arrepentimiento que luego se evidenciará por nuestras acciones. Así podremos adorarle de todo corazón.

2 Crónicas 9:1-12: La reina de Sabá

Imagínate un mundo sin guerra, donde todos están en paz con sus vecinos y a nadie le falta comida. No hay necesidad de asegurar la casa antes de salir, pues no hay ladrones. Los médicos no son necesarios porque hay una medicina que cura toda enfermedad.
Todos tienen trabajo, sin embargo no es tan duro ni lleno de conflictos como hoy. La justicia es inmediata y verdaderamente justa. La palabra coima ya no existe más. Este mundo jamás ha visto tal cosa, mas la Biblia dice que aquel día llegará. Pero antes de esto vendrán los días difíciles de la gran tribulación cuando Dios va a limpiar la tierra de toda maldad evidente; luego el Señor Jesucristo reinará por mil años de paz y tranquilidad. Por cierto, esto no es un mero sueño sino la profecía de un acontecimiento verdadero.
David es una figura del Señor cuando venga para limpiar la tierra de maldad al final de la tribulación. David combatió contra muchos enemigos de Israel y ganó en cada guerra. Después vino el reinado de su hijo Salomón, quien nunca luchó en una sola batalla; puesto que durante toda su vida como rey la pasó en paz. Y él es una figura del Señor Jesucristo que reinará como Rey de Reyes y Señor de Señores durante el milenio. Entre tanto que escudriñamos un poco de la historia de Salomón, mantengamos en nuestras mentes que representa a alguien mucho más glorioso.
En 2 Crónicas 9 leemos que la fama del gran rey Salomón llegó a la lejana tierra de la reina de Sabá. Ella vino para ver si era como lo había escuchado; también para probar la sabiduría de Salomón y para ofrecerle regalos acordes a su lugar como un gran rey. Cuando llegó, “habló con él todo lo que en su corazón tenía” (2 Crónicas 9:1). Es un inmenso privilegio compartir con nuestro Dios todo lo que está en nuestro corazón. Muchas veces tenemos bastantes preguntas respecto a las cosas difíciles de entender en nuestras vidas. Es importante pasar las preguntas al Dios verdadero. ¿Y cómo contestó Salomón? La palabra de Dios dice: “y nada hubo que Salomón no le contestase”. ¡Qué hermoso! Dios va a compartir con nosotros todos los misterios escondidos que necesitamos saber. Su sabiduría es infinita y no hay nada escondido de Él.
Después de ver por sí misma la sabiduría de Salomón, la reina de Sabá tuvo la oportunidad de observar todo el orden de su reino. Vio la buena comida, las habitaciones y los vestidos de los siervos del rey; también su casa y la escalinata por donde se subía a la casa de Dios. ¿Y cuál fue el efecto de todo eso? La palabra nos dice que “se quedó asombrada”. Si nosotros pudiéramos ver la gran gloria de nuestro Señor también quedaríamos asombrados. Nuestra respuesta a todo eso sería semejante a la de la reina de Sabá cuando dijo: “he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha; porque tú superas la fama que yo había oído” (2 Crónicas 9:6). La respuesta cabal a la perfección de nuestro Señor es adoración ferviente. La reina de Sabá dio muchos regalos finos a Salomón: las especias aromáticas fueron las más finas y que jamás habían visto los demás. Pero no es posible dar a Dios y quedar más pobres que antes, ya que Él siempre nos da más. En 2 Crónicas 9:12 dice: “Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso y le pidió, más de lo que ella había traído al rey”. Nuestro Dios siempre excede cualquier buena expectativa nuestra.

Nehemías 2-3: Edificando el muro

“La santidad conviene a Tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre” (Salmo 93:5). “Este es el mensaje que hemos oído de Él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él” (1 Juan 1:5). “Para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable” (1 Pedro 2:9).
En estos versículos vemos que servimos a un Dios santo y sin mancha, pues todo lo que Él hace es puro. La luz pone al descubierto todo lo que está alrededor; así también, la luz moral de Dios muestra de manera perfecta si hay algo impuro en nuestro camino. En Él no hay ni una sombra de tinieblas o de impureza y a nosotros nos pide lo mismo. Pide que hagamos todo así como Él lo haría; puesto que nos ha llamado para mostrar Sus virtudes de luz al mundo. No quiere ver en nosotros el pecado. En la historia de Nehemías vemos a alguien que se preocupó por la necesidad de la santidad del pueblo de Dios. Veamos cómo lo hizo.
En Nehemías 2:13 leemos estas palabras que él dijo: “Y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego”. En esta época, los muros protegían al pueblo de los ataques del enemigo. Los enemigos no podían ingresar a la ciudad fácilmente cuando los muros eran altos y gruesos. ¿Y para qué las puertas? Para dejar ingresar a los amigos. Espiritualmente, también necesitamos muros y puertas. Los muros dejan a nuestro enemigo el diablo afuera. Siempre quiere ingresar y molestar al pueblo de Dios y a veces quiere que nos mezclemos con sus siervos. Todo el tiempo trata de estorbar la obra de Dios y la adoración dirigida al digno Señor Jesucristo. Es importante que le mantengamos fuera, con todas sus armas, y que no consintamos al mundo: el sistema de placeres sin lugar para Dios. Dios quiere que revisemos cuidadosamente nuestras vidas a fin de que no permitamos que el enemigo entre y contamine. ¿Hay algo en nuestras vidas que está permitiendo que Satanás entre para estorbar al pueblo de Dios?
Nehemías se esforzó en edificar el muro y las puertas. En Nehemías 2:17 dijo: “Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid y edifiquemos el muro ... ”. Nosotros también debemos animar a nuestros hermanos en la misma forma. ¿Y qué tipo de resultados obtuvo Nehemías? Pues en el capítulo 3 leemos que muchos trabajaron en la obra para reedificar el muro de Jerusalén. Por ejemplo en el verso 20 dice: “Baruc ... con todo fervor restauró otro tramo”. Es importante que hagamos la obra con “todo fervor”; puesto que demuestra un alma que toma en cuenta lo que es digno del Señor. Si estamos ocupados con Su santidad vamos a ser diligentes en cumplir con nuestra responsabilidad de la santidad práctica en nuestras vidas. Otros trabajaron muy cerca de sus propias casas: “Después de ellos restauraron Benjamín y Hasub, frente a su casa” (Nehemías 3:23). Es muy importante trabajar diligentemente en nuestros hogares para mantener un ambiente libre de las incursiones de nuestros enemigos espirituales. Imagínate una parte muy pequeña del muro alrededor de todo el pueblo que no esté reparada. ¿De qué sirve el resto del muro si el enemigo tiene un punto de ataque? Por lo tanto, debemos edificar el muro de separación de la iniquidad que está dentro de nuestra propia esfera con diligencia.

Job 32-37: La respuesta de Eliú

¿Cómo presentamos a Dios, cuando hablamos con otros? Esta es una pregunta importante en el libro de Job. Job y sus tres amigos tenían sus propios conceptos acerca de cómo es Dios. Job creyó que Dios era injusto por la manera en que lo había tratado. Elifaz, uno de los amigos de Job, recurrió a su propia experiencia para explicar cómo Dios trata a los pecadores. Bildad, otro amigo, trató de apelar a los ancianos y a su sabiduría para explicar los caminos de Dios. El último amigo, Zofar, describió a Dios como alguien severo que ha venido para juzgar al pecador. Pero ninguno de ellos mostró al Dios verdadero. Es un gran privilegio presentar a nuestro Dios a otros; sin embargo, debemos conocerle bien y honrarle en la forma debida para hacerlo con sencillez y verdad. Nosotros podemos presentarle tal como las Escrituras lo muestran: “Dios es luz” (1 Juan 1:5) y “Dios es amor” (1 Juan 4:8).
Por fin en el debate entre Job y sus amigos, Eliú se atrevió a compartir una concepción verdadera del Dios Todopoderoso en el capítulo 32 del libro. Empezó con una reprensión para los amigos de Job; pero siguió con una corrección de los pensamientos de Job en cuanto a Dios. Job había perdido a sus hijos, sus bienes y su salud en una serie de desastres permitidos por Dios. Job dijo de Dios: “He aquí que Él buscó reproches contra mí, y me tiene por Su enemigo” (Job 33:10). Desde el huerto del Edén, Satanás ha querido que pensemos esta mentira. Dios siempre ha mostrado misericordia hacia el hombre. Quiere que reconozcamos que Él es bueno y bondadoso hacia el ser humano. Lo que conduce a muchos pecados es dudar del amor de Dios. Eliú representó a Dios en el conflicto y dijo: “En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende” (Job 33:14). Dios nos habla de diversas maneras para captar nuestra atención; pero no es culpa Suya si nosotros no escuchamos. Siempre y sin excepción, Él trata de hacernos entender el bien que tiene guardado para nosotros.
En medio de su aflicción, Job defendía su propia justicia en vez de la justicia de Dios y dijo: “Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho” (Job 34:5). Nunca podemos justificarnos delante de un Dios sumamente santo y justo, pues en Su presencia no somos nada. Por medio de Cristo Él nos ha hecho perfectos, pero sin Él no somos nada. Eliú respondió con diligencia a este ataque a la justicia de Dios y dijo: “Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad” (Job 34:10). Tenemos que empezar con el pensamiento que Dios es justo o “luz”; no hay ni la sombra de iniquidad o injusticia en Él. Solo partiendo de allí podemos tener pensamientos correctos. El mundo trata de razonar acerca de Dios desde su propio punto de vista: la gente ve el sufrimiento causado por el pecado y trata de culpar a nuestro Dios, pero todo su razonamiento está mal. En vez de esto debemos ver la grandeza de Dios y arrodillarnos a Sus pies. Eliú dijo: “Atribuiré justicia a mi Hacedor ... He aquí que Dios es grande, pero no desestima a nadie; es poderoso en fuerza de sabiduría” (Job 36:3,5). Mirando a la creación, como lo hizo Eliú, podemos ver un poco de la grandeza de Dios; podemos maravillarnos ante Su excelencia, creatividad, poder y sabiduría. Además, Él manda Su lluvia sobre el justo y el injusto; en todo esto, Él es perfecto en misericordia y justicia. ¡Debemos honrarle hoy por Su grandeza!