Número 31

Table of Contents

1. Carta del editor - Número 31 - Diciembre de 2014
2. Toques del Señor Jesús
3. Dios no habita en templos
4. La lectura de la Santa Biblia no solo nos informa; nos transforma
5. Criticar o edificar, exhortar y consolar
6. El Islam y lo que dice la Biblia
7. La mies es mucha: Federación Rusa

Carta del editor - Número 31 - Diciembre de 2014

D.E. Rule
Amado hermano y amigo:
En este número empezamos con un artículo acerca de seis ocasiones cuando el Señor Jesucristo tocó a alguien. Qué maravilloso es ver el amor, la compasión y el poder de nuestro Salvador. Qué importante en nuestras vidas mantener comunión con Él y sentir Sus toques espirituales todos los días.
No hay cómo enfatizar demasiado sobre la importancia de la lectura de la Biblia, la Palabra de Dios, el libro que no solamente nos enseña, sino que también nos transforma. Es un libro vivo y no hay otro así en el mundo.
Un problema hoy en día, y dudo que sea nuevo, es la tendencia entre los creyentes de pasar su tiempo actuando como jueces y criticando a otros, en vez de ser de ayuda los unos a los otros. Nuestro deseo es que nos comportemos como quienes tienen el don de profeta hoy en día, esto es, con palabras de edificación, exhortación y consolación.
Vivimos en un mundo con bastantes noticias a diario sobre lo que está pasando en los países donde hay muchos musulmanes. Nuestros hermanos en diversas partes de España pueden tener contacto frecuente con musulmanes que son de Marruecos u otros países predominantemente islámicos. A la vez, hay algunos que proceden de estos países o que tienen estas creencias en otros países. El artículo muestra una comparación entre lo que dicen la Biblia y el Corán y otras enseñanzas de los musulmanes. Si no tiene contacto con ellos, al menos puede estar orando por ellos. Al final, hay una breve nota con algunos pensamientos acerca de la evangelización para ellos. Esperamos expandir esto en un número futuro de Tu Juventud. Nada reemplaza un buen conocimiento de la Biblia para poder detectar las diferencias claves como son la salvación por gracia y lo que enseña la Biblia, en vez de la idea que hay salvación por obras como enseñan los musulmanes.
Terminamos con unos datos y sugerencias para oración acerca de Rusia, un país del que se escucha mucho en las noticias hoy en día.
Como siempre, recomendamos que leas esta revista con tu Biblia abierta porque es donde debemos comprobar todo cuanto leemos y oímos. Es la única y última autoridad de fe.
Su hermano por gracia,

Toques del Señor Jesús

D.E. Rule
El toque que da vida: Lucas 7:11-15
“Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre”.
El Señor Jesús tiene el toque para dar vida, tanto para los que están muertos físicamente como para los que están muertos espiritualmente. Los milagros verdaderos que hizo Jesucristo cuando estuvo aquí en la tierra fueron una demostración de su poder y su Divinidad. En Juan 5:24-25,28-29 leemos: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán ... No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. Él que tiene poder para dar vida al cuerpo muerto también tiene poder para dar vida eterna al alma y al espíritu de los que están muertos en sus pecados (Efesios 2:5). Es la única fuente de vida: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). Muchas veces al inicio de una dispensación Dios ha mostrado su poder en una forma extraordinaria como señal de la veracidad de sus promesas.
Qué importante que los que todavía están muertos en sus delitos y pecados sean recipientes del toque espiritual del Salvador para la salvación de su alma y su espíritu, y al fin de su cuerpo.
El toque que limpia: Mateo 8:1-3
“Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció”.
La lepra es una figura del pecado que empieza a trabajar dentro de una persona como la naturaleza pecaminosa que tenemos que nos provoca hacer cosas malas. Espiritualmente, nuestra naturaleza pecaminosa (la carne) y nuestras malas acciones (los pecados) nos hacen sentir tan inmundos cual el leproso lo está físicamente. Somos pecadores por naturaleza y por práctica, y si no somos limpiados en la preciosa sangre que Jesucristo derramó de su bello costado en la cruz del Calvario, no podemos entrar al cielo. Apocalipsis 21:27 dice: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”.
¡Qué diferencia entre el Señor Jesucristo y cualquier otro ser humano que ha vivido! Él, siendo Dios y Hombre perfecto, sin pecado y sin una naturaleza pecaminosa, podía tocar al leproso, y en vez de ser contaminado por su inmundicia, podía sanarle y limpiarle. Cualquier otra persona que tocase al leproso quedaría inmunda. Por esto los leprosos han sido condenados a vivir en colonias aisladas de la población en general. Sin Cristo, una persona está condenada a pasar la eternidad aislada en el lago de fuego.
Qué maravilla la demostración del amor del Señor y Su deseo de sanar mostrado en Sus palabras: “Quiero, sé limpio”.
El toque de da seguridad: Mateo 17:1-8
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.
Cuando el Señor Jesucristo estuvo aquí en la tierra Su deidad moral gloriosa fue mostrada en una forma maravillosa. A la vez, Su deidad en el sentido de poder iluminar todo fue escondida la gran mayoría del tiempo. En un día venidero será visto por todos los que estaremos con Él en el cielo: “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche” (Apocalipsis 21:23-25).
En estos versículos vemos que el Señor les permite a Sus discípulos que den un vistazo de Su gloria mostrada en Su cuerpo físico. Estuvo junto con el representante de la ley, Moisés, y de los profetas, Elías; y Pedro, como era su costumbre hablar y hacer las cosas equivocadas, habló poniendo a Moisés y Elías al mismo nivel del Señor Jesucristo. Dios el Padre no permitió esto y habló del cielo, y quienes en ese momento estuvieron cerca el Señor Jesucristo, Dios el Hijo, no se sintieron cómodos y tuvieron temor. En este instante, Jesús se les acercó y les tocó, dándoles gozo y confianza para ponerse de pie en Su presencia. Cuando nosotros miramos las circunstancias de la vida, y lo que puede traer el futuro, podemos tener temor. Estas historias y ejemplos en la Biblia nos ayudan a tener la confianza de descansar en Dios, no importa qué tan oscura parezcan las nubes. Romanos 8:28 nos dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. No todas las cosas son buenas; sin embargo, todas las cosas nos ayudan a bien si Le amamos.
El toque que ilumina: Mateo 9:27-30
“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa”.
El pecado produce ceguera espiritual. Puede ser que veamos bien con los ojos físicos, pero el ojo espiritual es el corazón (no la bomba de sangre, sino el alma). Los ojos para ver las cosas de este mundo tienen que ser reemplazados por ojos para que vean las cosas del Señor.
Qué importante es no rechazar la luz y el toque del Señor que ilumina, pues el resultado puede ser quedarse en las tinieblas para siempre. En Juan 12:36-40 leemos: “ ... Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos. Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane”. Jesús vino para dar vista a los ciegos, y en Su toque al dar vista a los ciegos físicamente mostró Su poder para dar vista a los ciegos espirituales.
El toque que corrige: Lucas 22:47-51
“Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó”.
A veces el toque del Señor tiene que corregir lo que nosotros hemos dañado. Cuando el Señor Jesucristo se puso de pie después de orar en el jardín de Getsemaní, encontró a sus discípulos durmiendo. Se toparon con el enemigo, el siervo del sumo sacerdote y actuaron mal. Nosotros también así nos equivocamos muchas veces en la forma de comunicar y actuar ante otros, cortando sus orejas cuando lo que deseamos es ver que sean bendecidos y ayudarles a escuchar la Palabra de Dios. Cuando con nuestros hechos cortamos las orejas, ¿pueden las personas escuchar el evangelio de nosotros? ¿Tuvo Pedro libertad para comunicarle a Malco el amor de Cristo después de quitarle su oreja? ¡No, para nada!
Muchas veces nuestro testimonio está mal y no podemos corregir nuestros fracasos. Qué bueno que el bendito y compresivo Señor sí puede corregir nuestros fracasos y traer bendición de aquello que de otro modo pudo haber sido tan solo fuente de tristeza y decepción.
El toque que tranquiliza: Mateo 8:14-15
“Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía”.
La suegra de Pedro estaba enferma con una fiebre que muchas veces produce dolores y ansiedad. Cuando Jesús le tocó, ella pudo levantarse y servirle con tranquilidad. Muchas veces estamos turbados, ansiosos, preocupados, sobrecargados, perplejos con situaciones y los quehaceres, y esto solamente complica más las situaciones. Cuando sentimos el toque del Señor, podemos permanecer quietos y descansar. Él no promete quitar las circunstancias difíciles, pero sí puede quitar la angustia en medio de las circunstancias y darnos tranquilidad.
[Adaptada y resumida de “The Savior’s Touch” por H.A. Ironside, del libro Divine Priorities]

Dios no habita en templos

N. Vega
El hombre a través de las diferentes épocas ha construido templos grandiosos y suntuosos, procurando agradar a sus dioses e Israel al Dios verdadero. Pero Salomón mismo dijo: “He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que he edificado?” (2 Crónicas 6:18). Pablo, al ver la idolatría en Atenas, dijo: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas ... Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres” (Hechos 17:24-29).
Por la obra de Cristo el creyente es templo como dice 1 Corintios 6:19-20: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. Luego en 2 Corintios 6:16 añade: “Porque vosotros sois templo del Dios viviente”. Y colectivamente: “porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:18-22).

La lectura de la Santa Biblia no solo nos informa; nos transforma

W. Carrion
La Santa Biblia, no es sencillamente un libro más que relata cosas buenas, entre otros calificativos que ha recibido; se ha dicho que es el “Libro de los libros”, “El libro por excelencia”, como lo testifican las numerosas traducciones y versiones que se han realizado y publicado desde antaño.
La Santa Biblia es un libro pequeño en volumen; sin embargo, la biblioteca más grande de mi País quedaría muy insignificante para contener todos los volúmenes que se han escrito comentando acerca de ella. Pero lo más acertado que puede decirse sería que es un libro diferente y único en su género, porque es la “palabra de Dios”, eso quiere decir que es “el libro de Dios”.
A través de sus páginas podemos captar la voz de Dios que llega como un bálsamo al corazón de todo aquel que da su tiempo para leerla, en virtud de que en ella están plasmados y se expresan los pensamientos y los secretos del corazón de Dios; contiene Su voluntad, Sus promesas y propósitos para nuestras vidas, en ella podemos encontrar las demandas de Dios para el hombre y los principios fundamentales para que vivamos plenamente, encontramos las respuestas a las grandes interrogantes de la vida; la Biblia nos habla del poder de Dios, de Su carácter y de Su naturaleza.
La Santa Biblia es la palabra de Dios, porque a Dios que es Su autor le ha placido dejarnos consignadas en ella sus palabras escritas, inspirando a diversos escritores, inclusive escogiendo hombres sin letras y del vulgo, para darles Sus enseñanzas y usarlos poderosamente en la predicación del mensaje de salvación, y para que perennicen Su voluntad mediante la escritura, habiendo ellos tomado parte en escribir los libros que conforman las Sagradas Escrituras; previamente ellos mismos haber oído, visto con sus propios ojos, palpado con sus manos, creído, experimentado y vivido el precioso contenido del mensaje que compartieron.
“Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3).
“Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:15-16).
Si anhelamos tener comunión y acercarnos a Dios, debe ser a través del aprovechamiento de la lectura de Su Palabra, le podemos conocer a Dios a través de la Santa Biblia, mientras más nos acercamos a la Biblia, más cerca estaremos de Dios. No se puede disfrutar en lo más mínimo de lo desconocido, y para conocer más de Dios se requiere de un estudio minucioso, constante y con la buena voluntad de obedecer sus sabias enseñanzas contenidas en la Santa Biblia. Jesucristo dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ella tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).
Escudriñar es un verbo que denota acción y comprende algo más que el simple deseo de leer, que solamente produce un conocimiento superficial de las inescrutables verdades fundamentales de la sabiduría de Dios.
Llegar a conocer el carácter y la naturaleza de Cristo es conocer el carácter y la naturaleza de Dios Su Padre. El apóstol Pablo dijo: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).
El Señor Jesucristo dijo que conocerle a Él era también conocer al Padre. Cristo dijo que los apóstoles habían visto al Padre porque lo habían visto a Él (Juan 14:6,9).
El apóstol Pedro inspirado por el Espíritu Santo escribió: “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:2-3).
Por tal razón el conocimiento concienzudo de la Santa Biblia es una gran responsabilidad del creyente, porque de esta forma adquirimos el conocimiento no solamente acerca de Dios, sino el conocerle personalmente a Dios. Por eso es de vital importancia que el cristiano pueda leer, escudriñar, comprender, vivir y compartir la palabra de Dios.
“Mi pueblo fue destruido, porque le falto conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la Ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:6).
“Aparte de ser el libro más vendido de la historia, la Biblia es una y otra vez el libro más vendido del año”. -Revista TIME
La Santa Biblia además de ser el libro más traducido todo o en parte, universalmente, a más de 2.000 idiomas y dialectos diferentes, es el libro más leído, distribuido y vendido a lo largo de la historia de la humanidad.
¡Qué ironía! Pese a que la Santa Biblia es un libro que ha sido escrito para beneficio de toda la humanidad, mas no para un sector específico, y ser también el libro más difundido alrededor del mundo, la mayor parte de la población no lo aprovecha; y, peor aún, existen los que aparentando ser sabios y eruditos, saturados de filosofía, artimañas y huecas sutilezas, envanecidos en su conocimiento como lo menciona 1 Corintios 8:1: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica”, demuestran su necedad, porque sin suficiente conocimiento de la palabra de Dios, blasfeman contra ella y Su autor expresando pensamientos extra escriturales, que van más allá de lo que está escrito en la Biblia, así por ejemplo dicen: “Para entender la Sagrada Biblia es necesario una suficiente iniciación, de lo contrario los textos de la Biblia pueden confundirnos y hasta desconcertarnos más, y hacernos llegar a conocimientos fantasiosos. Solo el magisterio vivo de la Iglesia sin apartarse de la tradición tiene el poder de revelar e interpretar auténticamente la Santa Biblia”, desvalorizando de esta manera las Sagradas Escrituras y usurpando el derecho que le corresponde exclusivamente al Espíritu Santo, el cual es el único que nos puede guiar a toda verdad.
“Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13).
“Manantial de vida es el entendimiento al que lo posee; mas la erudición de los necios es necedad” (Proverbios 16:22).
“Profesando ser sabios, se hicieron necios” (Romanos. 1:22).
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8).
“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” ... “las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (Lucas 24:45; 2 Timoteo 3:15).
“Simplemente mire la Palabra de Dios y notará dos características: Una, que es muy fácil de entender; y, Dos, que es de gran calidad. La Palabra de Dios es tan llana que ni un ciego se perdería en ella. Las parábolas de la Palabra de Dios nunca serán enigmas. Dios no intenta hacer de Su Palabra un enigma, por ello Su Palabra es clara y legible”. -Watchman Nee.
Estos “doctores” o “reverendos” han prohibido la lectura de la Palabra de Dios, dejando al pueblo en un profundo oscurantismo espiritual, aprovechándose inescrupulosamente para enseñar errores garrafales (tradiciones, doctrinas de hombres) como si fuera la palabra de Dios.
Además, creyendo ser dioses, y hablando por su propia cuenta, dicen que “Es Dios mismo el que habla por su boca”.
“El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia” (Juan 7:18).
A través del apóstol Pedro, Dios nos da el consejo divino para estas personas y para todos nosotros: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 4:11).
“La Ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” (Salmo 19:7).
La palabra de Dios nos dice: “Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado mi alma. La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Salmo 119:129-130).
Las Sagradas Escrituras son el único libro que, si nos disciplinamos para leerlo cada día, con sinceridad, con fe y una disposición dócil del corazón, no para simple información o curiosidad; sino con el ánimo de transformar nuestras vidas, nos revela y ofrece el conocimiento y la sabiduría divina. Por su intermedio Dios habla a nuestros corazones, nos hace renacer (1 Pedro 1:23) y nos transforma por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2) capacitándonos a los hijos de Dios para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17).
Sus verdades fundamentales bien comprendidas tienen una positiva influencia en nuestra vida personal, nuestro hogar, nuestra familia, la iglesia y sobre la sociedad que nos rodea, dándonos el privilegio de que nuestra conversación, toda palabra que sale de nuestra boca como dice el apóstol Pablo: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:6); nuestro diálogo aportará para edificar a los demás, seremos la sal de la tierra que ayuda a evitar la putrefacción o corrupción. “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mateo 5:13).
“Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” ... “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca” (Lucas 11:28; Apocalipsis 1:3).
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará” (Salmo 1:1-3).
Admirablemente como recompensa de nuestro tiempo invertido en la lectura, ningún otro libro nos puede impartir tanta sabiduría e inteligencia espiritual para nuestro desarrollo y crecimiento.
La Santa Biblia es el único libro que al leerlo también nos lee a nosotros. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá? Yo, Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:9-10). Nuestra oración debe ser la del salmista: “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame, examina mis íntimos pensamientos, y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos” (Salmo 26:2-3).
“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).
Las Sagradas Escrituras están para juzgar nuestras conductas y no nosotros para juzgar la Biblia.
La Santa Biblia nos aleja del pecado, o el pecado nos aparta de la Santa Biblia: “En mi corazón en guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).
El cristiano sin vocación bíblica, que abandona y se aleja de la lectura y sabias enseñanzas de la palabra de Dios, sin el refrescante contenido de ella, comienza a desfallecer, a experimentar un decaimiento espiritual, va debilitándose paulatinamente, detiene su desarrollo y crecimiento espiritual, estancándose en una infancia espiritual, empieza a experimentar una existencia espiritual raquítica, sus aguas se empantanan, su aliento comienza a tener un olor a rancio, languidece, se marchita, fracasa y entra en la peor de las ruinas, como resultado directo de no estar en constante renovación de su entendimiento, a través de la lectura de las Sagradas Escrituras, la palabra de Dios, única manera de evitar el fracaso.
¿A cuál de nosotros nos gustaría física y espiritualmente, ser raquíticos y debiluchos?
“Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os escribo a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (1 Juan 2:13-14).
El Apóstol Juan en este pasaje escribe a los jóvenes cuya característica es ser fuertes y vigorosos, porque se han nutrido y ejercitado con la Palabra de Dios que mora en ellos, de manera que están fortalecidos, capacitados y con buen ánimo para vencer al maligno. Estos jóvenes han crecido, ya no son más los “hijitos”, los niñitos fluctuantes que recién están principiando a conocer a Dios, ya han crecido, son vigorosos, teniendo cierta madurez, han dejado atrás la debilidad característica de la niñez, a tal punto que pueden desenvolverse por sí mismos sin la ayuda indispensable de una persona mayor.
“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:12-14).
Los cristianos que hemos sentido arder en nuestro corazón la llama inspiradora de la Palabra de Dios, siempre debemos saciar nuestra sed espiritual en la única fuente de agua que salta para vida eterna, en impetuosos torrentes para beneficio de nuestras almas, nuestra madurez avanza y nuestro crecimiento personal ejerce su influencia positiva en la asamblea haciendo que crezca y avance en el escudriñamiento de las Sagradas Escrituras y el conocimiento del Señor Jesucristo.
“Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian la buena conducta en Cristo” (1 Pedro 3:15-16).
Es necesario avivar el fuego del don de Dios, nuestra fe, que Dios ha puesto en nuestros corazones para que tengamos vida, y vida en abundancia.
Así como la proximidad o alejamiento de las ovejas tiene relación con el escuchar claramente la voz suave y apacible del buen pastor, para entenderla plenamente debemos predisponernos a escucharla igual que el joven Samuel que dijo al Señor: “Habla, que tu siervo escucha” (1 Samuel 3:10); lo cual nos conducirá a abrir un diálogo con Dios, y a practicar lo que él nos enseña; así también la frecuencia y predisposición del corazón al escudriñar la palabra de Dios, tiene relación a que entendamos la voluntad de Dios y sus propósitos para nuestras vidas.
El secreto para entender las enseñanzas del Dios supremo está en desear hacer su voluntad. “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17).
Recordemos que sin leña se apaga el fuego, avivamos el fuego de nuestra fe meditando en el significado de la palabra de Dios para nuestra vida y permitiéndole penetrar y permanecer en nuestros corazones (Efesios 3:16- 19) nos fortalecemos interiormente y podemos exteriorizar nuestra fe hacia afuera, sin engañarnos a nosotros mismos, sin hipocresías, para que el mundo crea, entonces podrán decir: éstos han estado con Jesús.
“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad, Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).
“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan. Y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).
El aprovechamiento espiritual es primeramente personal y luego colectivo, si un creyente no se ha beneficiado de la bendición de Dios al leer la Santa Biblia y meditar en ella, mal hace en tratar de compartir lo que él no ha comprendido, vendrá a ser como una cisterna rota en la cual no podrán satisfacer su sed los sedientos espirituales.
Las bendiciones recibidas nos hacen responsables de escudriñar la Palabra de Dios, entender y experimentarla en nuestra propia vida, pero además surge el deber de comunicarla y compartirla para que otros hermanos y amigos puedan beneficiarse de dicha bendición.
“Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza ... ocúpate en la lectura, la exhortación, y la enseñanza ... No descuides el don que hay en ti ... Ocúpate de estas cosas, permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Timoteo 4:12-15). “Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos. Y ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar” (Ezequiel 3:10-11).
El éxito o fracaso de nuestra vida espiritual depende en gran manera de cuanto de la palabra de Dios podamos atesorar en nuestra mente y en nuestro corazón, para poder ponerla en práctica en nuestro cotidiano vivir. El hombre exterior es la manifestación del hombre interior, eso lo conocemos porque: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).
Siendo asiduos lectores de la Palabra de Dios entenderemos la tarea suprema y el ministerio que Dios nos ha encomendado para efectuar individualmente como personas y colectivamente como asamblea, esto es: la comunicación de su evangelio, y el aportar para la edificación y el crecimiento del Cuerpo de Cristo. “Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra” (2 Tesalonicenses 2:15).
Esto es lo que Dios quiere que hagamos: “Nunca se apartaran de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditaras en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que él está escrito, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).
“Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus justos juicios. Tus estatutos guardaré ... Hazme entender el camino de tus mandamientos, para que medite en tus maravillas ... Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón ... Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios ... Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado mi alma. La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Salmo 119:7-8,27,34,125,129-130).
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).
“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18).
“Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús” (2 Pedro 1:2).
Un libro cerrado no tiene valor alguno, y jamás recibiremos el conocimiento por osmosis.
¡Abre la Biblia y léela!

Criticar o edificar, exhortar y consolar

D.E. Rule
Vivimos en un mundo donde es muy común criticar a otras personas: no solamente políticos y atletas, sino que también aquellos que hacen una profesión de conocer al Señor Jesucristo hacen lo mismo contra otros creyentes y de igual forma aquellos que hacen una profesión de ser salvos. “Criticar” u otras formas de la palabra no se encuentran en la Biblia, y no es algo que debe caracterizarnos como creyentes. Lo que debemos hacer es orar por quienes están en puestos de autoridad: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:1-4).
Debemos estar claros sobre la diferencia entre juzgar y criticar. Tenemos instrucciones en los primeros cinco versículos de Mateo 7 acerca de juzgar: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Es importante entender que estos versículos hablan principalmente de no juzgar las motivaciones. Si vemos a un hermano robar algo, podemos decir que sin duda lo que está haciendo está mal, pero no podemos necesariamente decir por qué lo hace. En ciertos casos, es necesario que haya disciplina por parte de la asamblea hacia alguien que dice que es cristiano para la honra y gloria del Señor y la restauración del ofensor: “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (1 Corintios 5:11-13). Debe ser hecho con humildad ante los demás, reconociendo su propia falla al permitir que la cosa haya llegado a este punto.
Si no debemos criticar y tenemos que tener cuidado donde es correcto juzgar; entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar? Debemos buscar el bien para nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Una de las formas es la adecuada aplicación del don de profecía, enmarcado dentro de lo que está vigente hoy en día: “Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Corintios 14:3). No es que todos tenemos este don, pero sí podemos tratar de ser de ayuda en vez de ser los causantes de más problemas. Veamos estas tres cosas en más detalle: edificación, exhortación, y consolación.
Edificación viene de la palabra en griego “oikodome” que significa el acto de construir. “Oikos” significa hogar y dome significa “construir”. Normalmente es mucho más rápido tumbar un edificio que construirlo. Es mucho más fácil hacer daño a otro hermano que ser de ayuda en su crecimiento espiritual. Para ser de ayuda en la edificación de otro creyente debemos tener no solamente el conocimiento de la Palabra de Dios, sino también el reconocimiento de cuál es su necesidad y la forma de aplicar la Escritura a su situación actual para su beneficio. Una palabra profética hoy en día no es decir lo que va a suceder en el futuro, sino decir lo que la Biblia dice para la condición en la cual nos encontramos hoy. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3:18).
Exhortación en este versículo viene de la palabra griega “paraklesis” que significa llamar a alguien a su lado para que le ayude. “Para” significa al lado y “klesis” viene de la raíz “kaleo” que significa llamar. Para nuestro bien hay momentos cuando hermanos o hermanas en Cristo tienen que llamarnos a un lado para amonestarnos a no hacer aquello que no agrada a Dios y para avanzar en lo que le agrada a Dios, mirando al futuro. Puede involucrar corrección y una de las características de madurez en un creyente es que están dispuestos a recibir exhortación. ¿Somos maduros en este sentido? Tito 1:7-9 nos indica las característica de alguien que puede exhortar a otros: “no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”. Aunque la interpretación de estos versos está en relación a un obispo que ejerce su oficio en una asamblea local, podemos aplicar tales principios a quienes están en una posición para exhortar a otros. La aplicación de la Palabra de Dios en su propia vida es evidente y su enseñanza de la Palabra es correcta. Y esto es lo que da poder a la exhortación. Como muchos han dicho: “lo que haces habla tan fuerte que no puedo oír lo que tú dices”. Por otro lado, debemos estar dispuestos a recibir exhortación que viene de alguien que tal vez no esté calificado para darla y como dice 1 Tesalonicenses 5:17: “Examinadlo todo; retened lo bueno”.
La última de las tres palabras es consolación. De nuevo, veamos la palabra en el original (transliterado a nuestro idioma): “Parmuthia” que viene de “para” que significa al lado o cerca y “muthos” que significa habla. Cuando alguien está pasando por una situación difícil que no necesariamente es la cosecha de lo que ha sembrado por el pecado, es de ayuda cuando alguien puede hablarle de una manera más entrañable para consolarle. Aunque hay este don, también algunos que no necesariamente tienen el don pero que han pasado por una circunstancia similar pueden compartir la consolación que han recibido del Padre de misericordias y Dios de toda consolación. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación” (2 Corintios 1:3-7). Una de las razones por las que Dios permite que pasemos por aflicciones en nuestra vida es para que seamos de ayuda a otros que pasan por cosas similares. Muchas veces no podemos entender las pruebas de otros cuando no hemos padecido algo similar y es común que recibimos más ayuda de quienes han pasado con la ayuda de Dios por algo parecido a lo que estamos experimentando. Lo que aprendemos de Dios como Padre de misericordias y Dios de toda consolación vamos a apreciarlo por toda la eternidad, y no podremos aprender esto en la práctica en el cielo porque allá no habrá tribulación.

El Islam y lo que dice la Biblia

D.E. Rule
Es importante entender lo que otros entienden y enseñan, y compararlo con lo que dice la Biblia. En muchos lugares nuestros hermanos en Cristo están en contacto directo con el Islam como en España y nuestro deseo es “ ... santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). En otros casos, con todo que está sucediendo en el Medio Oriente hoy en día, puede ser que un mejor entendimiento de sus enseñanzas contrastado con la verdad que tenemos en la Biblia pueda ayudarte a orar más para aquellos que están sin Cristo en esto lugares.
En el último número de TU JUVENTUD, hubo una necrología de Mahoma (Muhammad) que puede ser de interés para parte de la historia del Islam.
Muchas personas dicen que todas las religiones guían al mismo fin. Tienen la creencia equivocada que lo que importa es ser fiel y sincero en lo que creen y hacen. Dudo que hubieran pensado lo mismo si el asunto fuera una enfermedad grave en su propio cuerpo o de un ser querido. Si la salud del cuerpo es importante, qué tanto más importante es el destino eterno del alma y del espíritu.
Libros sagrados
La principal forma que tenemos para aprender sobre una creencia es por lo que está escrito. Muchas religiones tienen sus enseñanzas escritas al menos en parte. Examinamos la diferencia entre lo que tenemos en la Biblia y lo que tienen los musulmanes.
Los cristianos reconocemos la Biblia como la Palabra inspirada por Dios mismo. No decimos que tiene la verdad. Es la verdad. Es completa. Es perfecta. Tiene setenta libros. Si uno cuenta los libros en el índice al inicio de una Biblia va a encontrar 66 libros, pero Salmos es una colección de cinco libros. Setenta es siete (número que significa perfección en la Biblia) por diez (número que significa responsabilidad humana en la Biblia). Fue escrita sobre un período de aproximadamente 1600 años y quienes escribieron inspirados por Dios suman unas 40 personas. En 2 Timoteo 3:14-17 leemos: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Todo fue inspirado por Dios. Tiene más de 6000 versículos con profecías, de las cuales más de 3000 ya han sido cumplidas perfectamente tal cómo fue escrito. Es un libro escrito en el contexto de tiempo y lugares, y ha sido importante para dar bases históricas. También nos dice lo que va a suceder en el futuro. Es el libro que nos juzga, mientras juzgamos los demás libros en base de lo que dice la Biblia. Es importante entender los períodos de las dispensaciones para poder entender los diferentes tratos de Dios con el ser humano en diferentes partes de la Biblia, y a la vez reconocer que el carácter de Dios no cambia y la base para ser justificado ante Dios es la fe.
En contraste, los islámicos tienen el Corán. Fue escrito por Mahoma en un período de 23 años, supuestamente por revelación del ángel Gabriel. Hay varias listas de contradicciones en el Corán. Una se encuentra en la siguiente página web: https://miapic.org/articulos/religiones/contradicciones-en-el-coran/
Ejemplos como las enseñanzas de que el ser humano fue creado de sangre, de arcilla, del polvo o de la nada. Otro es si el primer musulmán fue Mahoma, Moisés, Jacob o Abraham.
Otro tema que citamos de la referencia arriba es respecto a si hay coacción en el Islam de acuerdo con el Corán:
“No permita que haya coacción en religión: La Verdad se mantiene claramente del Error: quien rechace al mal y crea en Alá ha asido el asidero más confiable, que nunca se rompe. Y Alá escucha y conoce todas las cosas” (2:256).
“Y un anuncio de Alá y Su mensajero a las personas (reunidas) en el día de la Gran Peregrinación, que Alá y Su mensajero disuelven (el tratado) las obligaciones con los Paganos. Si ellos se arrepienten, sería mejor para ustedes; pero si se alejan, sepan que ustedes no pueden frustrar a Alá. Y proclama una pena de extrema gravedad a aquellos que rechacen la Fe” (9:3).
“Pero cuando los meses prohibidos hayan pasado, entonces, peleen y asesinen a los Paganos dondequiera que los encuentren, y deténganlos, y rodéenlos, y tiéndanse esperando por ellos en cada estratagema (de guerra); pero si ellos se arrepienten, y establezcan rezos regulares y regularmente practiquen la caridad, entonces, abran el camino para ellos: porque Alá es Indulgente, Muy Misericordioso” (9:5).
“Combatan a aquellos que no creen en Alá ni en el Último Día, ni sujeten eso prohibido, lo cual ha sido prohibido por Alá y Su mensajero, ni conocen la religión de Verdad, (aún si ellos la conocen) de las Personas del Libro, hasta que ellos paguen la Jizya (impuesto) con sumisión voluntaria, y se sientan a sí mismos sumisos” (9:29).
En estas citas es claro de dónde viene la base de la violencia.
Los musulmanes no limitan sus “sagradas escritos” al Corán. También tienen los hadices (seis para los Sunnis, cuatro adicionales para los Chias) que no están considerados al mismo nivel que el Corán, pero están considerados como una fuente canónica de leyes religiosas y guías morales. Incluye los pensamientos de Mahoma.
¿Cuáles, entonces, son las diferencias principales entre la Biblia y el Corán?
La Biblia está sujeta a pruebas de consistencia lógica. Puede verificar cosas con historia, ciencia, etc. El Corán depende de su autoproclamación de ser la palabra que viene de “Alá”, su supuesto dios.
La Biblia es confiable. No tiene las inconsistencias y contradicciones internas que tiene el Corán.
La Biblia es relevante para la experiencia humana. Hay libros que pueden ayudarnos a entender mejor la Biblia pero no son necesarios para que el mensaje de la Biblia sea completo y perfecto.
Creencias acerca de Dios
Como creyentes en Dios y el Hijo Eterno de Dios, quien es Dios y Hombre a la vez, el Señor Jesucristo, creemos que:
Hay un Dios, pero la Deidad (Trinidad) es en tres Seres. La mente humana no puede captar totalmente o explicar totalmente esto, pero lo creemos por fe porque la Biblia lo enseña, y la evidencia lo muestra.
Dios es personal, conocido por Su Palabra, la Biblia, y revelado en la persona de Su Hijo, el Señor Jesucristo. Juan 1:17-18: “ ... la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Dios el Padre no ha tomado ni va a tomar un cuerpo, pero fue conocido por Dios el Hijo cuando vino a este mundo y se hizo Hombre a la vez.
El Señor Jesucristo nació, vivió una vida perfecta, fue crucificado, entregó su vida (somos responsables de su muerte, pero nadie pudo ni puede quitar su vida), fue sepultado, resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo y vuelve para arrebatarnos. Los musulmanes enseñan contra toda evidencia tanto de la Biblia como de la historia que Cristo fue crucificado y resucitado, pues dicen que ascendió directamente al cielo sin morir.
Reconocemos que Dios es Amor (1 Juan 4:8) y Dios es Luz (1 Juan 1:5). Su amor es divino porque ama cuando no hay nada amable en el objeto de Su amor. Su luz provoca que nada esté escondido de Su vista. Hebreos 4:12-13: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.
Podemos conocer al Señor personalmente. Vamos a ser parte de su esposa por siempre en el cielo. Y nuestro deseo debe ser conocerle mejor ahora. Veamos lo que dijo el apóstol Pablo en Filipenses 3:7-11: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”. El apóstol Juan, compañero del Señor Jesucristo en su tiempo como hombre en la tierra, en 1 Juan 1:1-3 escribió: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”.
Lo que tenemos con Dios nuestro Padre es una relación personal, no una religión.
En contraste, Alá para los musulmanes supuestamente reveló su voluntad por medio de los profetas, pero su naturaleza no se puede conocer. El Corán no revela su naturaleza ni su esencia en las palabras de musulmanes eruditos del Islam. Niegan que Dios pueda existir en Trinidad. Dicen que Alá espera comportamiento justo y sujeción a su voluntad.
Creencias básicas del Islam
Los musulmanes basan su fe en seis cosas básicas, es así que la fe islámica consiste en los siguientes seis pilares:
La creencia en Alá
Dicen que toda persona sabe por instinto natural de su existencia. Nosotros sabemos que tenemos un espíritu y esto es lo que nos da la conciencia de la existencia de Dios. Los musulmanes también reconocen que el universo tiene un creador, la creación misma lo muestra y el creador es perfecto. Estamos de acuerdo acerca de la existencia y ciertas características del Creador. Lo que no estamos de acuerdo es sobre quién es el Creador. Hebreos 1:1-5 nos dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo?”. El Creador es el Señor Jesucristo, el Hijo Eterno de Dios.
La creencia en los ángeles
Reconocemos, por supuesto, la existencia de los ángeles y muchas de sus características por lo que enseña la Biblia. No estamos de acuerdo en lo que los musulmanes enseñan acerca de los ángeles. Ellos dicen que el ángel Gabriel inspiró a Mahoma para escribir el Corán. Lo que nosotros sabemos es que las únicas Sagradas Escrituras conforman la Biblia, y que fue inspirado por Dios, no un ángel. Ellos también, entre otras enseñanzas acerca de los ángeles dicen que los dos Ángeles que en la tumba cuestionan al muerto: ‘¿Quién es tu señor? ¿Cuál es tu religión? ¿Quién es tu Profeta?’ En base de esto, dicen que es importante la creencia en los ángeles para prepararse para el más allá, al recordar al ángel de la muerte y los Ángeles que guardan el Paraíso y el Infierno.
Sabemos que el destino eterno está determinado antes de la muerte, no después. Qué bueno poder descansar en la verdad que leemos en Juan 5:24: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Tener vida eterna es la posesión y seguridad ahora de quienes se han arrepentido de sus pecados y creído en el Señor Jesucristo como su Salvador, no una esperanza dudosa para el futuro.
Creencia en los Libros divinos
Nosotros creemos que el único libro divino es la Biblia, no el Corán, ni los libros de los hadices. Como vimos antes, hay un mundo de diferencia entre la Biblia, la Palabra de Dios y lo que ciertas personas dicen que son libros divinos. Hasta cierto punto, muchos musulmanes reconocen el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento como libros divinos y son mencionados en el Corán.
La creencia en los Mensajeros
Los musulmanes dicen que el primer mensajero fue Noé y el último Mahoma. El Corán dice que si uno recibe la palabra de unos de sus mensajeros y no de otros que: “Es un incrédulo, porque su afirmación desmiente el Corán y la Sunnah. Dice Alá: [Quienes no creen en Alá ni en Sus Mensajeros y quieren hacer distingos entre Alá y Sus Mensajeros diciendo: ¡Creemos en unos, pero en otros no!, queriendo adoptar una postura intermedia, esos son los incrédulos. Y para los incrédulos tenemos preparado un castigo humillante. Pero a quienes crean en Alá y en Sus Mensajeros, sin hacer distinciones entre ellos, Él les remunerará. Alá es indulgente, misericordioso.] (An-Nisa’: Las Mujeres 4:150-152)”.
La Biblia dice en el versículo que citamos antes en Hebreos 1:1-2: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo ... ”. Y, en Apocalipsis 22:18-19: “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro”.
La creencia en el más allá
Sí, ambos creemos en un más allá; pero lo que creemos acerca de esto es muy diferente. Reconocemos que cuando una persona muere, deja su cuerpo atrás. Para los que creemos lo que dice la Biblia, sabemos que el alma y el espíritu de un creyente van al paraíso como leemos en Lucas 23:39-43: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Los que no creen van al infierno, esperando el juicio cuando sus cuerpos estarán unidos de nuevo con sus almas y espíritus para pasar toda la eternidad en el lago de fuego. Apocalipsis 20:11-15: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. No hay juicio para los creyentes verdaderos porque ya cayó sobre el Señor Jesucristo en la cruz del Calvario y lo agotó. En contraste, los musulmanes dicen que hay cuestionamiento de dos ángeles en la tumba y esto determina sus delicias o sus castigos en la tumba. Después, ellos creen que:
La creencia en la resurrección
Citado de: [página ya no disponible: nota del editor].
La creencia en que todas las personas serán juntadas luego de resucitadas para ser juzgadas.
El Juicio Final, donde los que obraron el bien recibirán su recompensa y los que obraron el mal recibirán su castigo.
La creencia en la Balanza que pesa las obras, la intercesión, que los creyentes han de ver a Alá en el Día de la Resurrección.
La verdad es que hay un juicio final para los que han rechazado al Señor Jesucristo, y que no hay balanza entre lo bueno o lo malo, porque todos los que rechazan el Señor Jesucristo serán castigados eternamente por sus pecados incluyendo su incredulidad. No hay juicio para los creyentes según la Biblia.
La creencia en la predestinación divina, ya sea agradable o desagradable. Los musulmanes dicen que Alá sabe de antemano lo que va a suceder. Sabemos que el Dios verdadero realmente sabe lo que va a suceder. Una gran diferencia es que los musulmanes dicen que lo que determina el destino del ser humano son sus obras, no su fe en el Señor Jesucristo como Salvador o su rechazo de Él mismo.
En la página web antes citada [ya no disponible], cito directamente lo que dicen acerca de lo que es necesario para ser un musulmán:
“La persona es musulmana cuando:
Cree en la existencia de Alá.
Da testimonio de que Alá es el único digno de ser adorado, y que Mahoma es Su Mensajero.
Rinde culto a Alá sin atribuirle ni asociarle a nadie.
Descree de todas las falsas divinidades (Taghut)”.
También, su resumen de los cinco pilares del Islam son (con mis comentarios):
El testimonio de (ash-Shahadatan) de que sólo Alá merece ser adorado, y que Mahoma es su Mensajero. La verdad es que Dios el Espíritu Santo nos guía en la adoración, alabanza y agradecimiento a Dios nuestro Padre y al Señor Jesucristo, nuestro Salvado, no a Alá.
Establecer la oración (Salat). Citando la misma fuente, vemos que ellos enseñan que: Deben orar cinco veces por día dirigiéndose hacia la Meca en Arabia Saudita a hora precisas, y que hay catorce pilares para que la oración sea aceptada:
•  Fajr (alba) de dos Rak’at.
•  Duhur (mediodía) de cuatro Rak’at.
•  ‘Asr (media tarde) de cuatro Rak’at.
•  Magrib (ocaso) de tres Rak’at.
•  ‘Ishaa’ (noche) de cuatro Rak’at.
Mateo 6:7 nos enseña que “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”. ¿De qué sirve una oración si no es al Dios verdadero? Dios busca lo que viene del corazón. Los musulmanes enseñan si alguien por olvido o intencionalmente omite uno de los catorce pilares su oración está anulada. ¡En realidad, están orando a un dios sordo!
Pagar el Zakat. Dicen que los más ricos deben dar a los pobres. La Biblia dice en Santiago 1:26-27 que “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Está bien visitar y ayudar a los que tienen necesidad, pero esto es la religión pura, mas no dice que sirve para que podemos ir al cielo. Ninguna religión quita los pecados. Solamente la sangre que Jesucristo derramó en la cruz sirve para esto.
Ayunar el mes de Ramadán. Durante un tiempo que los musulmanes dicen que es un mes especial, Ramadán, tienen que ayunar durante las hora de luz si no están enfermos o de viaje. Durante este mes, muchos tratar de recitar todo el Corán y oran durante la noche.
Realizar la peregrinación (Hayy). Cristo fue sepultado después de ser crucificado. ¿Vamos a hacer un viaje a Jerusalén para ver donde está sepultado? Por supuesto que no: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído” (1 Corintios 15:3-11). Qué diferencia: Mahoma que dijo que era mensajero de Dios está en la tumba ya unos 1400 años; mas Cristo resucitó de la tumba al tercer día y después de 40 días ascendió al cielo. Su tumba está vacía. Nuestra fe está segura. Confiamos en un Salvador vivo.
Testificando del Señor Jesucristo a un musulmán
Recomiendo la lectura de 2 Timoteo 2:23-26 y Hechos 17:16-31.
Aunque esperamos topar este tema en un número futuro de TU JUVENTUD, mencionamos algunos puntos para reflexionar ahora:
Recuerda que el amor de Dios y del Señor Jesucristo, la obra de Espíritu Santo y la Biblia, la Palabra de Dios que es viva y eficaz, son la base de la obra en el corazón.
Hay que mostrar este amor de Cristo en palabras y hechos.
La obra no necesariamente va a ser rápida. Tenemos que orar y perseverar en oración.
No busquemos peleas, sino actuemos conforme a las instrucciones de 2 Timoteo 2. Recuerda que hay ciertas cosas en el Corán que hacen puente a la Biblia.
El mensaje debe estar centrado en Cristo, mostrando la misericordia y gracia de Dios.
Muestra hospitalidad genuina. Esto puede abrir la puerta para leer juntos la Biblia, contestar preguntas y demostrar un cuidado verdadero hacia la otra persona.
Recuerda que la obra del Espíritu Santo puede ser diferente bajo diferentes circunstancias. Como sucedió en el libro de los Hechos, Dios ha utilizado sueños y visiones (pero de acuerdo con la enseñanza de la Biblia) para empezar la obra en algunos musulmanes.

La mies es mucha: Federación Rusa

D.E. Rule
“Jesús ... dijo a Sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies” (Mateo 9:35,37-38).
La Federación Rusa, antes la parte más importante de la Unión Soviética, sigue siendo el país que ocupa más territorio que cualquier otro país en el mundo. Un octavo del territorio habitable en todo el planeta está en Rusia. Es tan ancho que hay nueve husos horarios en el país. La población de unos 145 millones está compuesta en su mayoría de quienes tienen la etnicidad rusa. Aparte de esto, casi el 15% son musulmanes y hay muchos de Asia Central que viven y trabajan en Rusia.
Además de los rusos que viven en Rusia, hay muchos que viven en los países que antes formaron parte de la ex-Unión Soviética. Los que más aparecen en las noticias, hoy en día, son los de la etnicidad rusa que viven en Ucrania, pero muchos ya quieren ser parte de Rusia de nuevo. Esto ha costado la vida de muchas personas, pero la pregunta más importante es dónde están aquellos que ya están en la eternidad.
Antes, muchos rusos que son creyentes sufrieron bastante durante el tiempo de la Unión Soviética. No era raro ser enviado a Siberia con su clima tan desfavorable como castigo por su fe. Aunque ha sido un país de nombre cristiano por unos mil años como sede de los Ortodoxos Rusos, quienes comparten mucho con el catolicismo, habiéndose dividido hace unos mil años. Aproximadamente dos tercios de los rusos son ortodoxos, pero para muchos es una identificación nominal. Lastimosamente, el número de creyentes verdaderos en el Señor Jesucristo como su Salvador son mucho menos. Los efectos de haber sido un país ateo por tanto tiempo todavía explica por qué hay muchos ateos, agnósticos y personas que aparentemente no toman en serio su necesidad de conocer al Señor Jesucristo como Salvador. La puerta para el evangelio se abrió mucho más de lo que se pudo anticipar hace unos 25 años, pero en los últimos años la persecución ha aumentado para los creyentes verdaderos.
Rusia es el país en el mundo con las reservas más grandes de petróleo y gas; y esto ha sido la base de su economía por muchos años. Con el bajón del precio del petróleo y las sanciones contra Rusia en respuesta a su intervención en Ucrania. Está combinación de factores ha provocado una fuerte devaluación del Rubro Ruso y causado dificultades económicas para muchos. Oremos para que las dificultades sean utilizadas a fin de que muchos piensen en la eternidad y no en la relativa prosperidad que han tenidos desde que la economía se abrió.