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Conversion: Bible Questions and Answers
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Librito mediano a letras grandes
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La Conversión
Preguntas por C. A. Miller;
Respuestas por H. P. Barker
Cada amo de casa de esta ciudad afirma su derecho de decidir quién va a entrar en su casa y quien no. Ahora bien, el derecho que demandamos para nosotros debemos seguramente reconocérselo al Señor Jesucristo. En Mateo 18:3 Él nos dice claramente que algunos no entrarán en Su reino. Excepto que uno se convierta, es inútil que espere tal cosa. Leemos: «si no os convirtiereis, y fuereis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos» (SEV).
Esto nos muestra la inmensa importancia de la conversión. Haremos bien en dedicar una sesión esta noche a este tema. Aparte de la conversión, no puede haber bendición, goce verdadero ni cielo para nadie.
¿Puede Explicarnos Lo Que Se Quiere Decir Por Conversión?
No podemos hacer nada mejor que acudir a la Escritura para recibir la respuesta. Miremos primero en 1 Corintios 6. Después de mencionar muchos terribles vicios predominantes entre los paganos, el apóstol dice, en el versículo 11: «Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados». Esto es una hermosa definición de la conversión. Pasemos ahora a Efesios 2:13: «Ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.» Esto es como el apóstol lo expone a los creyentes en Éfeso. Luego miremos 1 Pedro 2:25: «Vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.» Todos estos pasajes muestran con mucha claridad lo que es la conversión, pero no sé de ninguno que lo exprese de manera más hermosa que otro versículo en el mismo capítulo en 1 Pedro, versículo 9, «os llamó de las tinieblas a su luz admirable».
Estos pasajes de las Escrituras dejan bien claro que la conversión es un cambio vital y radical que afecta al alma — un traslado desde las tinieblas, el peligro y la distancia a la luz, la salvación y la proximidad con Dios.
La otra noche tuve ocasión de ir a mi dormitorio para cambiarme el abrigo. Era oscuro, pero como sabía donde colgaba el otro abrigo, pude hacer el cambio sin necesidad de luz. Así se logró realizar un cambio externo. Dejé el abrigo viejo para ponerme el nuevo, ¡pero todo este tiempo permanecí en las tinieblas! Algo parecido sucede a menudo en la historia de los hombres. Reciben impresiones religiosas, abandonan sus malas compañías, dejan hábitos pecaminosos y hacen esfuerzos por vivir de mejor manera. En lugar de frecuentar la taberna asisten a un lugar de culto, y se vuelven ciudadanos sobrios y respetables. Todo esto y mucho más es verdad acerca de ellos, pero todo este tiempo permanecen en tinieblas. No amanece en sus almas ninguna luz celestial que revele a un Salvador lleno de amor y de poder. Ha tenido lugar un cambio externo, deseable de todo punto, pero sus almas no han sido llevadas del peligro a la seguridad, de las tinieblas a la luz. No podemos dejar de insistir en que esta reforma no es conversión. Pasar página no es lo mismo que ser llevado a Dios mediante la sangre de Cristo.
Los hay que creen que si han tenido sueños notables o experiencias arrebatadas y sentimientos religiosos, que se trata de la conversión. Pero la conversión es una realidad mucho más profunda que ninguna de estas cosas; es nada menos que pasar de muerte a vida (Juan 5:24).