Estar donde Cristo está

Table of Contents

1. Introducción
2. "DONDE": el lugar divino
3. "ESTÁN": el poder divino
4. "DOS O TRES": el testimonio divino
5. "CONGREGADOS": la unidad divina
6. "EN MI NOMBRE": la autoridad divina
7. "ALLÍ ESTOY": la presencia divina
8. "EN MEDIO DE ELLOS": el centro divino

Introducción

“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por Mi Padre que está en los cielos. Porque DONDE ESTÁN DOS O TRES CONGREGADOS EN MI NOMBRE, ALLÍ ESTOY EN MEDIO DE ELLOS” (Mateo 18:19-20).
Es preciso que conozcamos el lugar en este mundo adonde el Señor quiere que estemos con otros creyentes. ¿Es esta una cuestión de elección personal? Muchos creyentes así lo consideran, pero las Escrituras no nos conceden libertad para elegir. Es Dios quien ha elegido por nosotros, habiendo definido específicamente Su deseo, y nosotros somos responsables de obedecer Su Palabra. Mateo 18:20 nos presenta principios de reunión según Dios. ¡Que esta verdad toque nuestras conciencias y corazones!
Veamos siete verdades muy concisas en este versículo:
1. “DONDE”: El lugar divino
2. “ESTÁN”: El poder divino
3. “DOS O TRES”: El testimonio divino
4. “CONGREGADOS”: La unidad divina.
5. “EN MI NOMBRE”: La autoridad divina
6. “ALLÍ ESTOY”: La presencia divina
7. “EN MEDIO DE ELLOS”: El centro divino
Examinemos estas preciosas verdades a la luz de Su santa Palabra.

"DONDE": el lugar divino

En Mateo 28:10,16-18, tenemos principios para guiamos hoy en día. “Entonces Jesús les dice: no temáis: id, dad las nuevas a Mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí Me verán ... Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte DONDE JESÚS LES HABÍA ORDENADO, y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban”. Si queremos reunirnos de acuerdo con la voluntad de Dios, tenemos que sujetarnos a Sus ordenanzas, y no a nuestros deseos. Jesús les dijo: “allí Me viereis”. Ellos obedecieron a Sus instrucciones y probaron la verdad de Sus palabras; al reunirse allí, Jesús estaba en medio de ellos. Este en verdad es un principio muy importante. A veces se dice a los recién convertidos, “Vayan a la iglesia que les parezca la mejor”. Pero el Señor Jesús ha elegido e indicado un lugar, y si queremos gozar Su presencia, tenemos que obedecer Sus deseos, Su voluntad y Sus mandatos.
Salgamos FUERA a Él: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo por Su propria sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos pues A ÉL fuera del real, llevando Su vituperio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir” (Hebreos 13:12-14).
Al considerar la cuestión de “¿DÓNDE?”, estos versículos son muy importantes. Debemos encontrarnos con Él fuera de lo que se llama “el real” (quiere decir campamento o campo). Las Escrituras nos definen el real de aquellos días. (Véase Éxodo 32:19-26). Hoy en día, tal campamento es un gran sistema religioso que pone al hombre inconverso en una relación exterior con Dios. Allí practican las costumbres del Antiguo Testamento, (sacerdotes, música, diezmos, etc.). Allí la gente (sean salvos o no), profesan reunirse al Nombre de Cristo, pero ignorando los principios divinos. Esto es lo que representa “el real” o “campamento”. En todo esto, ¿dónde está Jesús? Él queda fuera del “campamento”, y como creyentes, somos llamados a “salir a Él, llevando Su vituperio”. Generalmente cuando hallamos difícil entender una Escritura tan clara como esta es que no queremos. Nuestra voluntad no está sujeta.
Vayamos ADENTRO a Él: “Y ellos Le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? Y Él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa dónde entrare, y decid al Padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde tengo de comer la pascua con MIS discípulos? Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado: aparejad ALLÍ” (Lucas 22:9-12).
Aquí de nuevo vemos que los discípulos, obedeciendo sencillamente el mandato del Señor, llegaron al lugar adonde Él se presentó en medio de ellos. Era en un “cenáculo”, (quiere decir una sala grande) y no un templo. Un cenáculo es un lugar en el cual uno podría pasar tal vez una noche. No era un lugar fijo. (Véase también Hebreos 10:19-22).

"ESTÁN": el poder divino

La palabra “ESTÁN” indica que Dios (no el hombre) es Él que está reuniendo por Su Espíritu al centro divino. (Véase Isaías 52:12). No es reunirse en un acuerdo común entre varios creyentes. Es el Espíritu de Dios que nos guía a cada uno individualmente al lugar divino. Si todos nos sujetamos a la dirección del Espíritu de Dios por Su Palabra, hallaríamos que Su poder nos reuniría sin ninguna división.
Si examinamos el cristianismo de hoy en día, hallaremos dos mil diferentes grupos llamándose cristianos. En vez de congregarse juntos, si se congregan, están reunidos en diversos grupos. Están separados entre sí. ¿En qué medida estamos siguiendo el principio aquí mostrado, “Donde están dos o tres congregados en MI NOMBRE, allí estoy en medio de ellos”? El Espíritu de Dios viendo este problema de antemano nos previene por medio del apóstol Pablo en este texto: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al ganado; y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí” (Hechos 20:29-30).
El mal no solo atacaría a la asamblea desde el exterior, sino también desde el interior. La misma Iglesia de Dios sería origen del tal. ¿Qué dijo Pablo al ver tal espíritu entre los creyentes? “Os ruego pues, hermanos, por el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer ... ¿Está dividido Cristo?” (1 Corintios 1:10-13).
¡Esto es muy serio! Es el origen de todos los sectarismos tal como los tenemos hoy, en una manera muy agrandados y extendidos. ¡Quiera Dios que nos volvamos de nuestros pensamientos a SUS pensamientos, y que tengamos el deseo de aceptar lo que Él ha establecido!

"DOS O TRES": el testimonio divino

El Señor Jesús sabía de antemano toda la ruina que vendría, la Iglesia dividida y subdividida, y solamente una muy pequeña grey queriendo apartarse de la confusión religiosa, para congregarse solamente a Su Nombre.
Una persona sola no forma una asamblea. Pero el Señor nos da el número más mínimo posible, y dice que aunque sólo hayan dos que quieran mantener los principios de este versículo, “Allí estoy en medio de ellos”. ¡Verdad preciosa y maravillosa! El ser pocos en número no nos afectará, con tal que nuestra mira esté puesta en ÉL. “Dos” es el número del testimonio, y “Tres” el número del testimonio en plenitud.
La verdad de Dios sigue siendo la misma; y como hijos de Dios, somos guiados a seguir adelante con lo que era desde el principio. La verdad de Dios no cambia con el tiempo. Si era la verdad hace dos mil años, también es la verdad hoy, y será la verdad eternamente. Debemos confesar nuestras flaquezas y fracasos, y a la vez, reconocer que la verdad de Dios se mantiene firme y permanente. Una cosa es estar de acuerdo con lo que es contra las Escrituras; otra cosa es estar de acuerdo con las Escrituras, y a pesar de ello, no obedecerlo. “Os he apartado de los pueblos” (Levítico 20:26). ¿Y qué se dice a los hijos de Dios hoy en día? “Yo os elegí del mundo” (Juan 15:19).
La línea de separación y distinción entre los creyentes y el mundo sería mucho más clara y sencilla. Si nuestros corazones responden a esto, haríamos lo que leemos: “Y sueltos, vinieron a los suyos” (Hechos 4:23). En los sistemas de los hombres encontramos a los más devotos cristianos como a los más descarados incrédulos todos juntos bajo el Nombre de Cristo. Tal mezcla no está de acuerdo con la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:19-21). El primer principio divino de unidad es separación del mal, y de ningún modo su tolerancia.

"CONGREGADOS": la unidad divina

Efesios 2:14-16 nos dice que Cristo murió para que seamos uno. Si Cristo murió para la unidad del pueblo de Dios, si le costó a Él dolor, aflicción, pena, pasión, y agonías, cuando Él fue clavado en la cruz, ¡cuanto debemos estimar esa unidad! Traducido en una manera literal, el siguiente texto dice: “Siendo muy diligentes en guardar la unidad del Espíritu, en el lazo vinculador de la paz” (Efesios 4:3). Hay tres características de la unidad del Espíritu:
1. Es el Espíritu de VIDA (Romanos 8:2). Para mantener esta unidad, uno debe poseer la vida. Debemos ser nacidos de nuevo. Entonces el Espíritu que mora en nosotros capacita al creyente para ser diligente en mantener esta unidad. (Esta es una unidad que puede ser rota; no se trata aquí de la unidad del cuerpo).
2. Es el Espíritu SANTO (Efesios 4:30). Debemos procurar, por Su gracia, andar en santidad.
3. Es el Espíritu de VERDAD (Juan 16:13). Debemos ser celosos y vigilantes respecto a la verdad.
Cualquiera cosa que se tolere que cede en la vida, santidad o verdad, aunque tenga apariencia de unidad, no puede ser la unidad del Espíritu.

"EN MI NOMBRE": la autoridad divina

“Porque donde están dos o tres congregados EN MI NOMBRE, allí estoy en medio de ellos” (Mateo 18:20). La gente a veces dice, “Un nombre no significa nada”. Pero para cada alma convertida ¡cuán rico es el Nombre de Jesús! (Mateo 1:21, y también Cantares 1:3). “Y hallado en la condición como hombre, se humilló a Si mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le ensalzó a lo sumo, y diole un NOMBRE que es sobre todo nombre; para que en el NOMBRE DE JESÚS se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, a la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:8-11). Después de leer este testimonio de Dios, ¿podemos decir, “Un nombre no significa nada”? En ninguna manera.
Este es el ÚNICO NOMBRE al cual debemos reunirnos. Es el único Nombre para Salvación y para reunión. Nunca se nos ocurriría poner el nombre de Martín Lutero o el de John Wesley a la altura del Nombre de Cristo para la salvación; sin embargo algunos los están poniendo a la misma altura cuando se trata de congregarse. Todo otro nombre aparte de este Nombre no es digno. ¡Tal es el Nombre del Señor Jesús! ¿Estás tú reunido únicamente al Nombre del Señor Jesús?

"ALLÍ ESTOY": la presencia divina

Aquí se realiza Su presencia divina. No hay nada que pueda atraer tanto nuestros corazones, como la realización de que el Señor Jesús está en medio de nosotros. Ningún otro nombre nos embelesa como el Nombre de Cristo, y Su presencia es sólo prometida a aquellos que reúnen en este Nombre. “Y llamarás Su Nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios” (Mateo 1:21-23). No significa “Dios conmigo”, sino “con nosotros Dios”. Esto es lo que tenemos en Mateo. Los judíos nunca Le reconocieron como el Mesías; reconocemos a Él en medio de los dos o tres reunidos al Nombre del Señor Jesús. “Dios con nosotros”; “En medio de ellos”. ¡Bendita y maravillosa realidad! Algunos pueden decir, “Tal vez era así en aquellos tiempos, pero ahora no”. Nótese el último capítulo de Mateo. En la misma manera que Mateo empieza, así termina. “He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).
¿A quiénes está hablando? ¿a personas individualmente? No. Él se dirige a Sus discípulos reunidos quienes han obedecido Su deseo y mandato. Para que gocen en sus corazones, Él está en medio de ellos. Así pues, tenemos en el primer capítulo del Evangelio de Mateo, “Con nosotros Dios”. Y en el capítulo 18, Él nos dice: “Allí estoy en medio de ellos”. Ahora bien, ¿por cuánto tiempo? Tenemos la respuesta de Sus labios en el capítulo 28:20: “Hasta el fin del mundo”. ¡Que nada ni nadie nos impida en la realización de esta Su promesa, y Su gozo en nosotros!
Retrocedamos a Génesis 28:10-12,16. “Y salió Jacob de Beer-seba, y fue a Harán; y encontró con un lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto: y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y acostóse en aquel lugar. Y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella ... y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía”.
Si se ha puesto para nosotros el sol sobre este mundo (quiere decir si este mundo para nosotros ha perdido su resplandor), es muy probable que nosotros encontraremos más que encontró Jacob. ¿O es que se ha desviado nuestro corazón y se han cerrado nuestros ojos a lo que tenemos aquí? Notad el versículo 16. ¿Hemos sido alguna vez impulsados a decir, cuando nos reunimos a Su Nombre, “Ciertamente el Señor está en este lugar”? En Mateo 28 algunos “dudaban”. Jesús señaló un lugar para encontrarse y reunirse. Ellos de acuerdo con Sus instrucciones y mandato lo encontraron allí y se alegraron de verle. Sin embargo algunos dudaban. Muy probablemente ellos opinaron que era una reunión sin provecho; aún tenían sus almas bajo los efectos engañosos de este mundo. El hombre natural quiere siempre ver cosas espectaculares. “Porque por fe andamos, no por vista”.
Cuando nos sentamos a la mesa del Señor, podemos decir, “Ciertamente el Señor está en este lugar”. ¿Qué conclusión sacó Jacob de esto? Él dijo, “No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo”.

"EN MEDIO DE ELLOS": el centro divino

Nosotros podemos ir un poco más allá que Jacob, pues si él habla de la puerta del cielo, está hablando desde fuera. En cambio nosotros, si hablamos de la puerta del cielo, hablamos desde dentro. ¿Cómo es esto? Porque nuestro lugar es “dentro del velo”. ¡Gracias a Dios por ello! ¡Cuán santo es este tema! Debemos quitar los zapatos de nuestros pies como hizo Moisés en la presencia de Dios e inclinar nuestra cabeza diciendo con reverencia y gozo, “Ciertamente el Señor está en este lugar”. Que Dios mismo aumente y profundice en nuestras almas el gozo de estar reunidos a Su Nombre. Dice el Señor en Hebreos 2:11-12: “Porque Él que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a Mis hermanos Tu Nombre, en medio de la congregación Te alabaré”.
Si Él está en medio de nosotros, es para dirigir nuestro canto. Él tiene el derecho de cantar, habiendo salido victorioso de la muerte. Si Su muerte fue por nosotros, nosotros también debemos cantar. ¡Bendito sea Su Nombre! Que Dios nos dé el sentido santo y bendito de lo que significa estar donde Él está; y podemos decir con la más profunda convicción, “Ciertamente el Señor está en este lugar”.
Tu posición ¿Está conforme a esta verdad? ¿Estás andando en este gozo y paz?