2 Corintios 8-9: Riquezas de generosidad

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Muchos creyentes han tenido problemas con la administración del dinero. Así, a manera de ejemplo, podemos mencionar que hay personas que exigen el diezmo como si estuviéramos bajo la ley, lo cual a veces causa resentimientos y rencor; pero también hay quienes pasan su tiempo sin siquiera pensar en las necesidades de otras personas. El dinero en sí no es bueno ni malo. Tal vez una ilustración nos ayude a entender el asunto: puedo coger un martillo y usarlo para edificar una casa o con él matar a golpes a alguien; pues es tan solo un instrumento y debo usarlo para bien y no para mal. De igual forma es con el dinero: puedo usarlo para el Señor o para mis propios antojos. Veamos las instrucciones que Dios nos da en 2 Corintios 8-9.
Cristo es el ejemplo perfecto: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:99For ye know the grace of our Lord Jesus Christ, that, though he was rich, yet for your sakes he became poor, that ye through his poverty might be rich. (2 Corinthians 8:9)). Su inmenso amor y nuestra necesidad conmovieron Su corazón, de tal manera que dejó su lugar en la gloria y vino al mundo. El Verbo hecho carne vivió como un hombre humilde; fue a la cruz y sufrió lo que no merecía y además fue visto por los hombres como un criminal común. Todo esto fue para enriquecernos y no para proteger sus propias riquezas: no pensó en Sí mismo. ¿Cuál fue el resultado? Invirtió todo lo que tenía en nuestro futuro y así ganó las almas de millones para siempre.
Pablo usa también el ejemplo de los macedonios para ganar el corazón de los corintios. A veces pensamos que Dios necesita el dinero de los ricos; pero no es así, lo que Él quiere es un corazón disponible, dispuesto a darse a Dios. Los macedonios no eran ricos sino pobres, no obstante: “la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad” (2 Corintios 8:22How that in a great trial of affliction the abundance of their joy and their deep poverty abounded unto the riches of their liberality. (2 Corinthians 8:2)). Profunda pobreza no suena como tierra fértil para las riquezas; mas Dios halló allí una generosidad refrescante. Los de Macedonia con su generosidad demostraron compasión para los santos pobres de Jerusalén y de esta manera mostraron el amor de Cristo a sus hermanos. En 2 Corintios 8:4,4Praying us with much entreaty that we would receive the gift, and take upon us the fellowship of the ministering to the saints. (2 Corinthians 8:4) leemos: “pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos”. Si recordamos que el dinero es como una herramienta, entonces lo utilizaremos en este “servicio para los santos”. Será un privilegio dar este dinero que nos ha sido encomendado para el bien de los demás.
A veces podemos pensar que si damos al Señor nos va a faltar las cosas esenciales para nuestro sustento; pero jamás es así, ya que es imposible dar al Señor de corazón y quedar empobrecidos. Para ilustrar esto Dios usa el ejemplo del granjero: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2 Corintios 9:66But this I say, He which soweth sparingly shall reap also sparingly; and he which soweth bountifully shall reap also bountifully. (2 Corinthians 9:6)). Un granjero que solamente siembra dos metros cuadrados de choclo y que se come el resto de la semilla no segará mucho; en cambio el que siembra todo lo que tiene tendrá mucho más al final. Dios no nos promete riquezas en esta vida si invertimos en el bien de nuestro hermano. Sin embargo, a los filipenses (quienes eran de Macedonia) se les escribió: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:1919But my God shall supply all your need according to his riches in glory by Christ Jesus. (Philippians 4:19)). Dios tan solo quiere que nos entreguemos a Él y entonces compartiremos de corazón nuestros bienes con otros.